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Todo cambia

  1. Yi Jing Orienta
  2. Yi Jing: Una herramienta para el autoconocimiento
  3. Fundamentación teórica
  4. Todo cambia
Fundamentación teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

Todo cambia

Muda, tudo muda.

Cambia, todo cambia.
Cambia la energía y cambia la materia.
Cambian las galaxias, cambian las estrellas y cambian los planetas.
Cambian las rocas, cambian los océanos, cambian las especies.
Cambian los hombres y cambian los dioses.
Cambian las costumbres, cambian las leyes.
Cambian los discursos y cambian las verdades.

O, como dice Camôes en uno de sus “Sonetos”:

Se cambian los tiempos, se cambian las voluntades,
se cambia el ser, se cambia la confianza;
todo el mundo está compuesto de mudanza,
tomando siempre nuevas cualidades.

Continuamente vemos novedades,
diferentes en todo de la esperanza;
del mal quedan las penas en el recuerdo,
y del bien, si alguno hubiera, las nostalgias.

El tiempo cubre el suelo de verde manto,
que ya cubierto fue de nieve fría,
y en mí convierte en lloro el dulce canto.

Y, aparte de este mudarse cada día,
otra mudanza hace, de mayor espanto:
que no se muda ya como solía.

Quedamos así con el hecho de la universalidad del cambio: hasta Jehová, antes tan comunicativo, dejó de hablarnos. No podemos ignorar que algunas voces se levantaron contra ese predominio de lo fijo y de lo eterno; ya Heráclito nos lo había advertido, pero él perdió el juego contra Parménides. ¿Habrá llegado la hora de rehabilitarlo, acusando a los jueces de tendenciosos y de mirar para otro lado en la hora de la ausencia?

Constatamos entonces que todos los procesos nacen, crecen, maduran, interactúan, decaen y desaparecen. En otras palabras, nuestros bienes son procesos, nosotros somos procesos, pero también lo que amamos, lo que pensamos y, peor aún, aquello que no creemos, son procesos, y todos ellos están siendo, lo que significa que en algún momento no eran y en otro momento no serán. Esta mutabilidad es claramente una de las mayores fuentes de la angustia humana. Una de las grandes diferencias entre el pensamiento chino y el pensamiento predominante en Occidente e que el sabio chino sabe que no es nada más que uno de estos procesos interactuando en el mundo, y, en lugar de ‘luchar para que ocurra lo que desea’, debe ‘luchar para desear lo que le ocurre’. Esta actitud, que solo es pasiva en la superficie, exige gran actividad interior para una verdadera aceptación de las circunstancias cambiantes. En cierto modo es apuntada por Freud en su artículo “Sobre la transitoriedad” (Obras Completas, vol. XVI, pág. 317; Imago, Rio de Janeiro 1969):

“Sabemos que dos nociones psíquicas diversas pueden surgir del reconocimiento de que todo, incluso lo que es bello y perfecto, se deteriora. Una de ellas lleva al afligido hastío del mundo […]; la otra, a la insurrección contra la fatalidad declarada. Podemos pensar que es imposible que todas estas maravillas de la naturaleza y del arte, de nuestro universo de sentimientos y del mundo exterior realmente tengan que deshacerse en la nada. Sería demasiado insensato e indignante creer en ello. Tienen que sobrevivir de alguna forma, ajenas a todas las influencias destructivas”.

Esta exigencia de eternidad es un deseo humano tan evidente que se acostumbra a reclamar el valor de realidad para este anhelo. Aquello que nos aflige, sin embargo, puede incluso ser más real. No puedo contestar a la impermanencia generalizada para todo lo que existe ni encontrar excepción para lo bello y lo perfecto. Pero he desafiado al […] pesimista cuando dijo que la transitoriedad de lo bello trae consigo la desvalorización de la propia belleza. ¡Ocurre justamente lo contrario, hay una valorización! La importancia de todo lo que se transforma y al fin se desvanece, está asociada justamente a su escasez en el tiempo. Es la restricción de la posibilidad de su disfrute lo que eleva la preciosidad de algo. […] he declarado que es incomprensible la idea de que la transitoriedad de lo bello pudiese turbar el placer despertado por la belleza. […] Si hay una flor que florece solo por una noche, no nos parece por eso menos espléndida. Por lo tanto, tampoco he podido comprender cómo la gracia y la perfección de la obra de arte y del trabajo intelectual pudieran perder su valor debido a la limitación temporal. Puede ser que venga un tiempo en que las pinturas y las esculturas que hoy admiramos estén arruinadas, o que el ser humano nacido después de nosotros ya no comprenda la obra de nuestros poetas e intelectuales; o incluso es posible que llegue una época geológica en que todo lo que vive sobre la tierra desaparezca. Si el valor de todas estas cosas bellas y perfectas es el definido solo por su significado para nuestra vida sentimental, entonces no necesita sobrevivir a nosotros, independientemente, por tanto, de su duración temporal absoluta”.

Hay en nosotros una especie de compulsión para que los procesos que preferimos sean eternos o, por lo menos, muy duraderos, y pretendemos manipularlos para que se adapten a estos deseos nuestros. Pero, actuando así, nos condenamos a la frustración, ya que, como dice el cap. XXIX del Dao De Jing (Tao Te Ching):

Querer conquistar el mundo manipulándolo, yo no lo veo posible
porque el mundo es sobrehumano y no puede ser manipulado;
manipularlo es arruinarlo, conquistarlo es perderlo. [Traducción del autor].

Porque los fenómenos,
ora preceden, ora siguen,
ora amainan, ora enfurecen,
ora prosperan, ora declinan,
ora fluyen, ora refluyen.
Por eso el hombre santo se aparta de lo que es demasiado, lo desmesurado, lo descalificado. [Traducción Sproviero].

Este mundo, formado por una miríada de procesos distintos interactuando entre sí, se coloca muy lejos de la capacidad de acción del hombre, un simple proceso más dentro de la totalidad.

Cada uno de estos procesos se desarrolla conforme a sus principios y características inherentes, pero está condicionado por su interacción con todos los otros procesos que constituyen sus circunstancias. El resultado es un constante vaivén, un flujo y reflujo, que hace extremadamente difícil establecer reglas o aventurarse a pronosticar desenlaces. Así, una intervención cargada de intención, apuntando a un resultado, acaba siendo muy arriesgada y con muchas probabilidades de fracasar, excepto cuando se efectúa en la etapa de semilla (véase el capítulo “Imágenes y semillas”), donde la propia interacción entre los procesos es débil. Por eso el sabio parece no actuar, ya que utiliza el menor esfuerzo posible, pero no por eso permanece inactivo.

Entonces, ¿cómo actuar ante los cambios? Cuando falta la referencia externa, cuando los cambios se nos imponen, el camino es orientarnos hacia nosotros mismos, buscar en nuestro interior las referencias que puedan guiar nuestra conducta, salvando y administrando mejor nuestras energías para poder navegar en medio de esas turbulencias.

En el capítulo XIII del Zhuangzi encontramos el siguiente diálogo sobre la actuación correcta:

“Yáo preguntó: Entonces, ¿qué debo hacer? Shùn respondió: Actuar como el Cielo y manifestar tranquilidad, brillar como el sol y la luna, y andar como las cuatro estaciones, como si siguieras la secuencia del día y de la noche, el andar de las nubes, y la caída de la lluvia”.

En otras palabras, debemos dejarnos llevar por los ritmos de la Naturaleza que actúan en cada momento de nuestras vidas: no intentar brillar siempre, aceptando que hay momentos de eclipse; obedecer al hecho de que hay una hora para todo (nuestro “tiempo para reír y tiempo para llorar, tiempo para sembrar y tiempo para recoger1, […]; moverse sin ruido como las nubes, pero a veces soltar rayos y truenos como ellas; alimentar como la lluvia, aunque provoque inundaciones esporádicas; y, sobre todo, mantener la tranquilidad como el Cielo, actitud que los epicúreos griegos ya habían denominado ataraxia2.

Para ello, debemos separar lo que es de la gente de lo que no lo es. Aquello que está en nuestro dao, en nuestro camino verdadero, de aquello que no lo está. Separar lo que está o no en nuestro destino (Jullien, 2005, págs. 11-24) (véase el concepto de 命 mìng en la Segunda Parte: Glosario), es decir, no gastar energías sin más en cosas que no nos pertenecen (¿cómo hacer para evitar caer en el egoísmo o separarse de él?); conseguir discriminar entre: lo que no es nuestro; lo que es prescindible; lo que es neutro, lo que es inevitable; lo que es nuestro.

En general, conseguimos identificar los grifos que nos alimentan; lo difícil es percibir los desagües por donde se escurre nuestra energía. Eso ocurre porque los desagües son más difíciles de modificar: placeres, rutinas, expectativas, preconceptos, prejuicios, pre, pre…, etc.

Con este mismo objetivo, el Yi Jing se nos presenta como una herramienta, una brújula para guiarnos en medio de la aparente confusión, y conseguir transitar adecuadamente por nuestro camino. Pero, ¿cuál es ese camino?

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NOTAS

  1. No es lo mejor para los hombres que suceda todo lo que desean.” Heráclito.
  2. No hay mayor estupidez que querer parecer sabio en la hora equivocada, así como nada es más ridículo e imprudente que la prudencia inoportuna”. Erasmo: Elogio de la Locura.
    Reflexione lo siguiente cuando se sienta en el auge de la ira: nuestra vida es un corto momento, y pronto estaremos todos estirados bajo tierra”. Marco Aurelio: Meditaciones.