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PROCESOS INTERRELACIONADOS

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Fundamentación teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

Procesos interrelacionados: 萬 物 wàn wù, 物 化 wù huá

La visión occidental del mundo lo caracteriza como formado por una cantidad de objetos o cosas, entendiendo ‘cosas’, en general, como objetos materiales. A ello se le añade un reino adicional (cuyo estatus es fuente interminable de discusiones) que, de alguna manera, trasciende a este mundo, y que está formado por la subjetividad y la sensibilidad de los humanos…que observan a distancia al mundo objetivo. Llamamos ‘fenómenos’ a la aprehensión, más o menos ilusoria, de esas ‘cosas’ por nuestra sensibilidad.

La visión china del mundo, por el contrario, es la de que está formado por una miríada de procesos interdependientes (que en chino se llaman 萬 物 wàn wu, los diez mil procesos) 1, cada uno de ellos siguiendo sus procesos inmanentes, es decir, aquellos que les son propios2. Estos procesos están fluyendo permanentemente, interactuando entre sí, en una sucesión interminable que caracteriza el proceso que engloba todo lo que existe, ha existido o existirá, dioses incluidos.

Los procesos tienden naturalmente a interactuar entre ellos, mientras que los objetos tienden naturalmente a diferenciarse. Así, los pensadores chinos priorizaban la “continuidad”, mientras que Occidente prioriza la “identidad”. Dentro de un contexto que prioriza los procesos, el concepto de “identidad” queda, como mínimo, comprometido3: esta mesa es una mesa y aquella mesa también es una mesa, que también tiene cuatro patas, pero una es de imbuía y la otra de pino, una puede armonizar un determinado ambiente y la otra puede desequilibrarlo por completo; así, difícilmente dos mesas serían idénticas.

Estos procesos se caracterizan por lo que se denomina 物 化 wù huá: “la transformación de las cosas” o “la metamorfosis de los fenómenos” o “la continuidad de los procesos”4. El locus clásico donde se presenta ese concepto es al final del capítulo II, llamado “Discusión sobre la igualdad de las cosas” o “Discusión sobre la continuidad de los fenómenos”, de Zhuangzi (Chuang Tze, 369? – 286? A.C.), contemporáneo, por tanto, de Aristóteles. El capítulo termina con:

“Una vez, Zhuangzi soñó que era una mariposa, una mariposa volando y flotando, feliz consigo misma y haciendo lo que le placía, sin saber que era Zhuangzi. De repente, despertó, y ahí estaba él, siendo sólida e inconfundiblemente Zhuangzi. Pero él no sabía si era Zhuangzi quien soñara que era una mariposa o una mariposa soñando que era Zhuangzi. ¡Entre Zhuangzi y la mariposa debe de haber alguna distinción! Eso es lo que se llama: “transformación de los fenómenos 物 化5”.

El punto que Zhuangzi pretende establecer es que existe una continuidad entre los diferentes fenómenos observados (entre el que sueñe que es una mariposa y el estar despierto en lo que puede ser el sueño de una mariposa). En otro lugar añade:

“萬 物 與 我 為 一, los diez mil procesos y yo podemos ser considerados una continuidad”.

He aquí un ejemplo de esa continuidad: imaginemos que estoy tranquilamente sentado al lado del fuego, pensando sobre una decisión que debo tomar, cuando, inesperadamente, el ladrido feroz de un cachorro interrumpe mis pensamientos; esa interrupción genera en mí una sensación de rabia que me obliga a dejar para otro momento la toma de la decisión. Esta secuencia, centrada en mi punto de vista, deja de lado una gran cantidad de fenómenos que han intervenido en el proceso: algo llamó la atención del perro; el cachorro interpretó ese fenómeno como una amenaza, probablemente como resultado de su historia previa, y lo motivó a hacer vibrar sus cuerdas vocales, agitando el aire a su alrededor; el viento soplaba de tal forma que, en lugar de debilitarlos, sus ladridos llegaron claramente a mis oídos en forma de ondas sonoras; la presión del aire fue descodificada por mis sensores nerviosos auditivos y una corriente eléctrica circuló hasta mi cerebro, donde alteró la profunda observación en la que me encontraba; mis pensamientos no estaban adecuadamente concentrados, ya que un simple alboroto externo los desvió; mi reacción de rabia puede estar ligada a mi historia personal, posiblemente por causa de una reacción a todo lo que contraría mi voluntad.

La interrupción, a su vez, puede tener consecuencias favorables o no, porque al día siguiente recibo una carta que, sin que yo lo supiera, ya estaba en el correo a la hora de la interrupción, y que cambia aspectos importantes del problema. Pregunta: ¿Qué habría ocurrido si el viento estuviese soplando en otra dirección?, ¿qué llevó al otro perro a pasar por delante del cachorro que me interrumpió?, ¿estaría huyendo asustado de un coche que casi lo atropella?, ¿y por qué ese conductor corría por la calle? Parecen especulaciones gratuitas, pero algo llevó al cachorro a ladrar, algún conjunto de situaciones provocó que el viento soplase en una dirección, algo en mi historia interactuó con esas circunstancias6.

No debemos pensar que esta continuidad es puramente espacial; tiene también una dimensión temporal. El alimento que estoy ingiriendo fue recolectado por alguien, y alguien está cosechando el alimento que ingerí por la mañana. En este momento, en una fábrica de recambios de automóvil sale, por error, una pieza defectuosa; esta pieza acabará provocando un accidente que cambiará la vida de muchas personas. Así, miles de procesos tuvieron que interactuar para acabar en este proceso, yo autor, produciendo este otro proceso, este texto, para que otro proceso, usted lector, esté leyendo (Véanse más abajo los capítulos Auténtico y falso e Causalidad o casualidad).

No solamente el taoísmo defendía la continuidad entre el proceso que llamamos “yo” y los diez mil procesos que forman nuestra circunstancia. Podemos citar también al confuciano Mengzi (373 – 289 A.C.), (Mencio, 13:4), que, en un contexto de recomendación ética, establece taxativamente:

Todos los diez mil procesos están completos en mí.
Sincero, y retornando a sí mismo: ¿hay mayor placer?
Actuando y siendo fuertemente generoso; ¿hay deseo humano más íntimo?

Esta continuidad entre todos los procesos no es una idea holística exclusivamente esotérica u orientalista. Participa de la Física del siglo XX a partir de la formulación del Principio de Mach (expresado por primera vez por el físico Ernst Mach en 1893), que se enuncia de la siguiente manera:

“La inercia de cualquier sistema es el resultado de su interacción con el resto del Universo. En otras palabras, cada partícula del Universo ejerce una influencia sobre todas las demás partículas”.

Podemos aclararlo diciendo, en forma más simple, que un cuerpo que no reciba la aplicación de una fuerza externa se moverá en un movimiento rectilíneo uniforme sólo porque recibe la influencia de TODAS las partículas del Universo que, por ser infinito en todas direcciones, se equilibran mutuamente. En el caso de un planeta, la fuerza externa es la atracción gravitacional del Sol, que se encuentra muy cerca y predomina sobre todas las demás, imponiéndole un movimiento a su alrededor.

El Principio de Mach influyó mucho en Einstein en la época en que estaba formulando su Teoría General de la Relatividad, tanto que, en 1930, este último dijo que “está justificado considerar a Mach como el precursor de esta Teoría”, a pesar de que ese Principio no tiene una formulación matemática precisa y, por lo tanto, no forma parte integral de la Relatividad.

Por su parte, el gran físico Erwin Schrödinger, definió en 1935 el llamado “entrelazamiento” del mundo cuántico, es decir, el de las partículas subatómicas, que puede ser formulado del siguiente modo (Scientific American, julio 2011, pág.33.):

“El entrelazamiento liga partículas individuales en un todo indivisible. Un sistema clásico es siempre divisible, al menos en principio; cualesquiera que sean las propiedades colectivas que tenga, surgen de sus componentes, que tienen ciertas propiedades [individuales]. Pero un sistema entrelazado, no puede ser dividido de esa manera. El entrelazamiento tiene extrañas consecuencias. Aun cuando partículas entrelazadas estén lejos unas de otras, siguen comportándose como una entidad única, lo que nos lleva a lo que Einstein llamó ‘acción fantasmagórica a distancia’.”

En otras palabras, dos o más partículas están tan ligadas “entre sí” que ninguna de ellas puede describirse sin recurrir a las otras, ya que sus propiedades están fuertemente interrelacionadas. Otra manera de decirlo: el todo es más que la suma de las partes, exactamente lo que es defendido por el pensamiento chino.

Hay algunas características comunes a todos estos procesos que forman el todo: son “impermanentes”, nacen, se desarrollan, maduran, decaen y mueren (lo que se aplica, obviamente, a la silla en la que estoy sentado, pero también a las rocas, a los océanos, a los continentes, al planeta, a las estrellas, a las galaxias…y a nosotros, los humanos). Ellos “no son nada”, “están vacíos”, en el sentido de que no tienen sustancia ni esencia duradera que los caracterice7. Es decir, ninguno de esos procesos es “en-sí”, siendo unicamente, únicamente “entre-sí”, pues no pueden entenderse fuera de su relación y continuidad; si consideramos una piedra, ella no es sola, necesitamos de la visión o del tacto como agentes intermediarios entre ella y nosotros. Resumiendo, en español claro, estos procesos “no son, están siendo8 y están transformándose permanentemente unos en otros; así, tenemos “flujo” y no “sustancias”9.

No estamos hablando aquí de “todo en uno”, ya que no podemos evitar observar el todo desde un punto particular, y cada uno de los puntos particulares corresponde a una perspectiva diferente a las demás. Lo que los chinos pensaban es que no se pueden definir claramente límites espacio-temporales entre los fenómenos para separarlos unos de otros.

Ames y Hall (2003, pág. 13), refiriéndose al taoísmo, pero que puede ser perfectamente aplicable a todo el pensamiento chino, dice:

“La cosmología correlativa al taoísmo parte del supuesto de que el flujo incesante de situaciones siempre nuevas y, aun así, continuas, es real, y que, por tanto, hay una paridad ontológica entre las cosas y los eventos que constituyen nuestras vidas. Parafraseando a Parménides, que proclamó que “sólo el Ser es”, podemos decir que, para lo taoístas, ‘sólo los seres son’, o, yendo un paso más allá para señalar la realidad del proceso de cambios en sí, ‘solo lo llegar a ser, es’”10. Así, los taoístas no afirman la existencia de una realidad permanente tras las apariencias, de un sustrato inmutable, o [la existencia] de un aspecto esencial definidor por detrás de los accidentes y los cambios. En su lugar solo hay el incesante y normalmente cadencioso flujo de la experiencia. […] En ausencia de una pretensión de objetividad que “objetiva”, haciendo ‘objetos’ de los fenómenos, la tradición china no muestra una separación entre tiempo y entidades que permita un tiempo sin entidades o entidades sin tiempo. No hay posibilidad de un corredor temporal vacío ni de ninguna cosa eterna (en el sentido de intemporal)”.

Lo que los autores quieren decirnos al final de la citación es que, por más que pueda parecernos increíble, China no desarrolló el concepto de tiempo (a pesar de haber inventado relojes). Este concepto es tan básico y abarcador en el pensamiento occidental que nos obliga a hacer aquí algunas aclaraciones11.

China se encontró con el ‘tiempo’ occidental sólo cuando, a finales del siglo XIX, comenzaron a traducirse al chino libros europeos. Este hecho les obligó a crear un neologismo para referirse a ese concepto, traduciendo ‘tiempo’ como 時 間 shí jiän, literalmente “entre momentos”12.

Por lo tanto, los chinos no vieron en el ‘tiempo’ una entidad trascendental que sirviese tanto como “telón de fondo” a los fenómenos considerados como ‘temporales’, como para apoyar la existencia de entidades ‘atemporales’ o ‘eternas’, ya sea en los campos de lo divino o de los valores. Para los chinos el tiempo era, de una manera mucho más simple, el intervalo entre dos momentos o entre dos oportunidades, el intervalo entre ayer, cuando ocurrió tal cosa, y hoy, cuando esa cosa evoluciona o termina13. De ahí la importancia que atribuían al momento presente como manifestación de un único proceso en curso que abarca todos los fenómenos. Una frase atribuida a Fernando Pessoa dice algo parecido14:

“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que ocurren. Por eso existen movimientos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables”.

O, como dice otro texto de autor desconocido15:

“La vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos sacan el aliento”.

Así que, si el tiempo no existe y si todo es continuo, ¿cuándo se puede decir que un proceso ha terminado y ha empezado otro? Y, si el mundo está formado por procesos que fluyen continuamente, ¿cómo se inician y de qué se alimentan?

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NOTAS

  1. En chino, 物 , “cosa”, incluye los objetos materiales e inmateriales, los animales y los humanos, por eso se traduce mejor como “proceso”. Proceso: “Acción continuada, realización continua y prolongada de alguna actividad; seguimiento, curso, decurso. Secuencia continua de hechos u operaciones que presentan cierta unidad, o que se reproducen con cierta regularidad; transcurso, desarrollo, marcha”. Se utiliza como alternativa a “cosa”, que se restringe a lo material y a los objetos, y a ‘fenómeno’, que se refiere a aquello que nos parece, pero que queda excesivamente vinculado a nuestra percepción. Comparar con Fenómeno: “Hecho, aspecto u ocurrencia sujeta a observación; hecho de naturaleza moral o social; Filos.: objeto de experimentación; hecho; Filos.: lo que se manifiesta a la consciencia; y Cosa: “Aquello que existe o puede existir; objeto inanimado; realidad, hecho; negocio, interés; emprendimiento, empresa; acontecimiento, suceso, caso; asunto, materia”. [En esta nota y siguientes, las definiciones de las palabras en portugués se originan en los diccionarios Aurélio e Huaisse, y las chinas en diversos Diccionarios Chinos (Mathews, Couvreur, Muller), excepto cuando se cite otra fuente].
  2. Caracterizados por el concepto de 自 然 zì rán, lit.: “ser así por sí mismos”.
  3. Véase Hall y Ames (1995; pág.215): “Proceso implica unicidad, y hace problemática cualquier noción de identidad estricta”, y (pág.233): “Donde un taoísta celebra su unidad con todas las cosas, el significado de ‘unidad’ es ‘continuidad’ con otras cosas, no identidad”.
  4. : “Una cosa; cosas y asuntos del mundo; cosas en general; cosas fuera de mí; otros; criaturas vivas; bienes; todos los seres, seres sintientes, personas del mundo; cuerpo, sustancia, esencia, a pesar de que wù generalmente se refiere a cosas objetivamente percibidas por la experiencia y a situaciones más que a un sujeto o esencia”. 化 huà: “Mudar, transformar, renovar; pasar por una metamorfosis; un cambio, una transición; morir, fallecer”.
  5. Cuando reflexiono sobre el asunto, no encuentro una sola característica que marque la diferencia entre estar despierto y soñar. Ambos son tan parecidos que me quedo perplejo, y no sé si estoy soñando o despierto en este instante” Descartes: Meditaciones.
  6. Cualquier parecido con Descartes en la Primera Meditación es intencional. Él dice: “Estoy aquí, sentado junto al fuego, vestido con una bata, teniendo este papel entre las manos, y me pregunto: ¿cómo podría yo negar que estas manos y este cuerpo sean míos?”, sólo que ni él ni nadie de su época tenían como saber de la mayoría de los fenómenos descritos arriba, lo que nos remite al filósofo americano Richard Rorty y su frase lapidaria: “¿cómo puedo decir que algo es verdad si no sé lo que no sé?”. El film alemán “Corre, Lola, corre” retrata con mucha claridad la forma en que pequeñas coyunturas (en este caso un cachorro en la escalera en la cual ella comienza su carrera) afectan significativamente al desarrollo de situaciones que, aparentemente para nosotros, se desarrollan en otro nivel de importancia del que indica la presencia o no de un cachorro.
  7. Los átomos de “mi” cuerpo se originaron en el interior de estrellas como subproducto del proceso que produce su energía al fusionar el hidrógeno en helio (el llamado ciclo del carbono). Estos átomos se diseminaron por el espacio cuando esas estrellas explotaron al final de su vida y se concentraron alrededor del Sol cuando se formó, pasando a formar parte del planeta Tierra y, finalmente, llegaron a formar este “mi” cuerpo. Solo que, cuando el Sol explote, estos átomos volverán a disgregarse por el espacio, independientemente del hecho de que “yo” haya sido incinerado o sepultado. ¿Y qué son los átomos? Después de Einstein, nada más que energía ‘solidificada’.
  8. Frase muy difícil de traducir a lenguas que algunos suponen más adecuadas para hacer filosofía que el portugués o el español, como serían el griego, el alemán, el inglés o el francés. ¿Y por qué? Porque no tienen el verbo “estar” en su sentido de “tener o presentar (cierta condición física, emocional, material, profesional, etc., no permanente); encontrarse (en cierto momento o lugar, de manera transitoria)”. Si consideramos el inglés, esta frase debe traducirse como “they are not, they are being”, literalmente “ellos no son, ellos son siendo”, lo que obliga a destacar de manera explícita la existencia de un sujeto separado de los otros fenómenos, a perder la referencia directa a la transitoriedad, y a enfatizar el verbo “ser” con sus connotaciones sobre esencias, sustancias, etc. En la filosofía occidental, el primero en defender esa transitoriedad, en el siglo V A.C., fue Heráclito con su río que nunca era el mismo. Pero hubo que esperar al siglo XX para que esta idea fuese nuevamente defendida con fuerza. Esta frase puede, a veces, ser interpretada de manera inadecuada como “venir-a-ser” (derivada, por ejemplo, del inglés “they are becoming”, que intenta escapar de la trampa del verbo ‘to be’); pero esto no solamente transfiere el foco del presente a un momento siguiente que no sabemos si conseguiremos vivir (ya que en esta interpretación queda implícito que “aún no somos”), sino que implica una teleología, en el sentido de que existe algo específico que TENEMOS que alcanzar. A propósito, debemos mencionar que la lengua china no tiene el verbo SER, para ella las cosas ESTÁN 居 ( 044-05, un hombre 尸 durante mucho tiempo 古): “Estar en cierta posición, ocupar un puesto [¿sedere?]”), o EXISTEN 在 zài (032-03, un brote 才 en la tierra 土): “Existir, vivir, estar en”, o son AFIRMADAS 是 shì (072-05, lo correcto 正 bajo la luz del sol 日): “Sí, afirmativo”.
  9. En Occidente debemos exceptuar a Heráclito, denigrado y olvidado durante tanto tiempo, y a los estoicos, que también creían que las cosas presentan una continuidad entre ellas en una especie de proceso de constante transformación. A partir de la Ilustración, Occidente divide claramente el mundo en átomos o hechos, cada uno de los cuales no depende de los átomos o hechos que estén a su alrededor. Sólo que la ciencia del siglo XX demostró lo errado de esta concepción, y lidera un cambio en la forma de comprender el mundo (véase el “entrelazamiento” de Schrödinger anteriormente mencionado).
  10. Cuánto más clara quedaría esta traducción diciendo “solo el estar siendo es”, ya que el “llegar a ser” puede ser interrumpido por muchas causas que afecten al proceso en cuestión.
  11. Para una óptima discusión sobre este asunto, véase Jullien: “Del ‘Tiempo’, Elementos de una filosofía del vivir”, Arena Libros, Madrid, 2005
  12. shí, 072-06, WL79B, formado por 日 ri, el sol, y 寺 si, una planta desarrollándose gradualmente; el conjunto apunta a los cambios provocados por las cuatro estaciones. Significa: “Estación, época, momento favorable, oportunidad; hora del día”. 間 jiän, 169-04, representando al sol visto entre los batientes de una puerta. Significa: “Entre, intervalo”. El neologismo 時 間pasó directamente del chino al japonés.
  13. Obsérvese que esta definición del tiempo está profundamente en sincronía con la visión actual de la Física, que, respecto al tiempo, solo puede decir que en un momento “x” ocurrió un hecho “a” y, en un momento “y” ocurrió un hecho “b”. Normalmente, “x” e “y” se refieren a las posiciones de las agujas de un reloj, pero si éstas son simultáneas o no, si ‘x’ viene antes o después de ‘y’, son consideraciones que, desde Einstein y su relatividad, sabemos que dependen de la velocidad y de la dirección en la cual se mueve el observador. En otras palabras, la ciencia no consigue definir un ‘flujo de tiempo’, a pesar de ser un concepto que nos parece completamente intuitivo.
  14. Tomada de http://pt.wikiquote.org/wiki/Fernando_Pessoa el 24/10/2011, pero que no aparece en las Obras Completas de Fernando Pessoa.
  15. Tomado de http://pensador.uol.com.br/frase/NTU4NjQ1/ el 02/01/2012.