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¿POR QUÉ FUNCIONA EL YI JING?

  1. Yi Jing Orienta
  2. Yi Jing: Una herramienta para el autoconocimiento
  3. Fundamentación teórica
  4. ¿Por qué funciona el Yi Jing?
Fundamentación teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

¿Por qué funciona el Yi Jing?

Como ya dijimos en la Introducción, la visión del mundo presente en el Yi Jing constituye el fundamento del pensamiento chino. Por eso sus ideas básicas fueron constantemente aludidas, elaboradas y complementadas a lo largo de más de tres mil años de evolución filosófico-religiosa de aquella fascinante civilización. Muchas de esas ideas fueron reformuladas de forma más completa y consistente por pensadores posteriores como, por ejemplo, los conceptos de yin y yang (véase Glosario), que no aparecen de manera explícita en los textos más antiguos del Yi Jing, pero que están implícitamente presentes en su filosofía (en la forma de los trazos abiertos, yin, y los cerrados, yang, de los hexagramas). Así, en la presentación de estos conceptos básicos que sigue abajo, haremos uso, en cierta medida, de autores posteriores que los explicaron mejor; pero, repetimos, ya están presentes en la estructura primordial del Yi Jing.

Sobre discursos y palabras

El Dao De Jing (Tao Te Ching) comienza con una declaración taxativa:

Discurso que puede ser discursado no es un discurso permanente porque el nombre que puede ser nombrado no es un nombre permanente1.

Con esta afirmación, Laozi (Lao Tze), el hipotético autor de este libro, criticaba uno de los conceptos básicos del confucianismo, “la rectificación de los nombres”, por el cual Confucio se refería al cuidado que el sabio debía tener para asegurarse de que el lenguaje que utilizaba estuviese en orden y no crease confusiones ni ambigüedades. Laozi lo refutaba, resaltando que, siendo las palabras convenciones que cambian con el tiempo, ningún discurso formado por ellas podía ser confiable. Para Laozi, sin embargo, existía un problema mucho más grave que la precisión del lenguaje: una palabra, al describir o referirse a alguna cosa, separaba esa cosa del proceso total y único que constituye todo lo que nos rodea. Así, nombrar algo era un procedimiento arbitrario por el cual una parte es aislada de la continuidad de la cual es una fracción indivisible, llevando a errores y a engaños2.

Sin embargo, a pesar de sus objeciones, Laozi nos dejó un texto, el Dao De Jing (Tao Te Ching), que, por supuesto, está formado por palabras. Esto solo refuerza el hecho de que el lenguaje es una herramienta necesaria para la comunicación humana, a pesar de llevarnos a errores e inexactitudes inevitables, realzados por el hecho de que cada persona mira e interpreta las cosas desde su punto de vista individual.

En este trabajo afrontamos el mismo problema, y también tenemos que recurrir a las palabras. Con todo, como veremos más adelante, el Yi Jing no sólo se basa en las palabras que lo forman, sino también en las emociones que evocan en el lector, y ninguna definición sustituye el efecto de la experiencia del lector con el libro. Pero, ya que no podemos huir de las palabras, y para evitar caer en la trampa de ‘pseudo conceptos precisos’, haremos uso frecuente tanto de sinónimos que amplíen automáticamente el sentido a transmitir, como de diccionarios, a fin de aclarar acepciones que las palabras chinas puedan tener y que no se apliquen a sus traducciones al portugués y viceversa. La utilización de diccionarios se apoya en un comentario de Zhuangzi (Chuang Tze, siglo III A.C.):

“Si deseamos afirmar lo que los demás niegan y negar lo que los demás afirman, entonces nada mejor que usar lo obvio”.

Solo recurriendo a lo obvio podemos establecer algún nivel de diálogo entre discursos y definiciones contrarias, ya que lo obvio es la única posibilidad de comunicación que puede ser aceptada por las partes. Y ¿qué hay más obvio que un diccionario?

Naturaleza: Cielo y Tierra, 天 tian, 地 di

Al comienzo de la dinastía Shang (siglos XVI – XI A.C.), los chinos adoraban a una divinidad parcialmente antropomórfica, 上 帝 shang di, “el emperador de lo alto”, pero esta creencia fue rápidamente sustituida a principios de la dinastía Zhou (siglos XI – III A.C.) por los conceptos o principios de Cielo y Tierra.

De la interrelación armoniosa de estos poderes no antropomórficos se originaban, de forma inmanente, todos los fenómenos, materiales o espirituales, es decir, todo aquello que se manifiesta. El Cielo incita, inicia y fecunda los fenómenos, y la Tierra los mantiene, completa y alimenta. Su acción conjunta se aproxima a nuestro concepto de naturaleza, definida como “el universo con todos sus fenómenos”. Intentar igualar el Cielo a nuestro concepto de un Dios creador y trascendente a su creación es un error, ya que el primero no podía ser concebido sin su contraparte, la Tierra.

No por eso debemos pensar en China como una sociedad sin religión. Por el contrario, su religiosidad era llamativa, sólo que sacrificar al Cielo era equivalente a pedir: “Espero que todo salga bien”, porque el oficiante manifestaba la esperanza de que el equilibrio inmanente entre todas sus circunstancias estuviese en armonía con sus expectativas, permitiendo que los asuntos evolucionasen conforme a sus deseos. El Cielo y la Tierra, presentes en los textos e imágenes del Yi Jing, sufrieron una elaboración posterior y se convirtieron en los conceptos de yang y yin, respectivamente. Pero, ¿cómo concebían los chinos esa naturaleza?

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NOTAS

  1. ‘Discurso’ traduce la palabra 道 dào (o tao). La palabra está formada, a la izquierda, por el radical 162, chuò, que clasifica todas las palabras que tienen que ver con “andar paso a paso, movimiento, etc.”, y por el signo fonético 首 shôu, que significa “cabeza”. Así, el grafismo indica andar “hacia delante”, de donde obtenemos significados como: “Camino, vía, método, doctrina que puede seguirse”, y, reflejando el movimiento del que anda por la cabeza, los de “Discurso, hablar”. Pero, ¿cómo una misma palabra puede tener dos sentidos, para nosotros tan diferentes, como ‘camino’ y ‘hablar’? Podemos entender este hecho si consideramos el sentido de
    Dào = aquello que anda en nuestra cabeza, el discurso que nos hace actuar de una determinada forma a lo largo de nuestro camino.
    Es muy importante destacar que debemos entender este ‘discurso’ como la expresión lingüística de una forma de hacer algo. En este sentido, dào se refiere a nuestro concepto de arte ‘interpretativo”, como la música, la danza, el teatro: debe ser ejecutado para que se alcancen todos sus aspectos. Este sentido predominó en la época clásica, y sólo en el periodo Han (s. II A.C.-II D.C.) el concepto se fue refiriendo paulatinamente a un orden al cual se adaptan todos los fenómenos de la naturaleza, no solamente los humanos, orden que los lleva a seguir un curso propio en su evolución. Así, dào pasó a ser entendido como la expresión lingüística de una forma de que algo ocurra. Finalmente, solo a partir de la época Sung (s. X D.C.) y ya bajo la influencia del budismo, dào empezó a tener interpretaciones metafísicas.
  2. Platón (Crátilo 388b) dice algo equivalente: “El nombre, por consiguiente, es un instrumento para informar respecto a las cosas y para separarlas, tal como la lanzadera separa los hilos de la tela”.