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Imágenes y semillas

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Fundamentação teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

Imágenes y semillas: 象 xiang, 精 jïng

Hay dos conceptos importantes para la comprensión del Yi Jing: imágenes y semillas. Las palabras chinas son 象 xiàng y 精 jïng, respectivamente1. El Dao De Jing, capítulo XXI, nos ayuda a aclarar estos dos conceptos:

El proceso del dáo [o campo de acciones] 2 es algo simplemente oscuro y confuso.

Confuso, oscuro, ¡pero en su núcleo hay imágenes!

Oscuro, confuso, ¡pero en su núcleo hay procesos!

Misterioso, ignoto, ¡pero en su núcleo hay semillas [de cambios]!

Estas semillas son muy reales [porque] en su núcleo hay evidencias. 3

Comprender todos los matices del área de influencia de cada proceso (su campo de acción, su curso, su dáo), sea cosa o persona, es muy difícil porque la interacción entre todos los fenómenos es compleja y confusa. Por eso, en general, el dáo puede percibirse, pero es muy difícil hablar de él. De todas formas, el texto nos dice que, a pesar de su oscuridad, podemos identificar tres componentes en cada proceso:

Imágenes. Todo proceso puede ser utilizado como metáfora, símbolo o evocación de algún otro proceso (claro, que no de forma arbitraria). Esto es posible porque ninguno de ellos está aislado; todos reflejan un poco de todos los demás, todos son el foco de un mundo donde todos los demás están ubicados.

El concepto de imagen es fundamental en la comprensión del Yi Jing, ya que sus textos, sus hexagramas y sus trigramas evocan y se hacen eco de los procesos del mundo real. Está implícito en el libro el hecho de que la interrelación entre sus imágenes se corresponde con la interrelación existente entre los procesos. Es como si la estructura del libro reflejase la estructura del mundo real; en otras palabras, el libro sería, como veremos más adelante, un modelo de cómo se organizan las cosas por sí mismas.

Interacción con otros procesos. La interacción constante entre todos los procesos puede parecer oscura y confusa en función de la complejidad de los elementos involucrados, pero, ciertamente, existe 4. También podemos decir que todo proceso se muestra ante cualquier otro como un evento que adopta la forma de circunstancia y lo afecta, de un modo u otro, con mayor o menor intensidad, y de forma más o menos significativa.

Semillas de cambios. En todo proceso está presente el germen de una transformación: ni un animal, ni una montaña, ni un planeta o una estrella, ni siquiera una galaxia son permanentes. Todos pasan por modificaciones que conducen a nuevos procesos. Como ya dijimos, los elementos químicos que forman MI cuerpo se originaron en la explosión de una estrella supernova mucho tiempo atrás. ¿Dónde estarán aquellos kilos de materia tan importantes para mí en un futuro lejano? ¿De qué procesos formarán parte?

Cuando todo está negro y asfixiante,
empiezan a aparece la luz y lo positivo. Cuando todo está bien y claro,
empiezan a aparecer la oscuridad y el deterioro.

Volviendo al símbolo del yin y yang, explica la existencia de las semillas en todos los procesos:

Con respecto a las semillas, el capítulo LXIV del Dao De Jing dice:

Ciertamente, lo que está en reposo es fácil de controlar, lo que aún no da señal es fácil de planificar, lo quebradizo es fácil de desmontar, y lo microscópico es fácil de dispersar.

Es decir, es mejor actuar en lo aún no manifestado y controlar lo aún no desordenado, porque el árbol de tronco grueso nace de una raíz capilar, la torre de nueve pisos se levanta con tierra acumulada, y la jornada de diez mil leguas comienza bajo los pies.

Aquel que actúa, estropea; aquel que aferra, pierde. Por eso el hombre santo no actúa y nada estropea, no aferra y nada pierde. Las masas, sin embargo, siguen los asuntos de forma constante hasta casi completados, y así los estropean.

Cuidar del final como si fuese el comienzo generalmente no malogra los asuntos.

Consideremos el siguiente ejemplo. Estoy desarmado en la cima de una colina, y una horda de enemigos comienza a avanzar en mi dirección. Miro alrededor y solo veo una gran piedra de forma aproximadamente esférica, y se me ocurre hacerla rodar sobre ellos. Es evidente que solo en el momento de dar el empujón inicial, cuando está en reposo, puedo influir en la dirección en que la piedra se va a desplazar, ya que, cualquier intento de cambiar su trayectoria una vez que haya empezado a moverse, va a resultar en que pase por encima de mí, aplastándome. Por lo tanto, es necesario intentar captar cuándo un proceso está en el comienzo casi invisible de su manifestación para influir en él con el menor gasto energético posible, incluso con la libertad de abortarlo si así lo preferimos.

El texto citado del Dao De Jing destaca que los momentos adecuados para la acción son inmediatamente antes de la manifestación de los procesos, para abortarlos o para ayudarlos a desarrollarse; o inmediatamente antes del final de los mismos, para ayudarlos a terminar e influir en su transformación en otros. Intentar interferir en las cosas entre estos dos momentos va a exigir mucha energía, con muchas posibilidades de ver frustrados nuestros propósitos.

Debemos destacar que, en general, esta compulsión por intervenir se origina en que no aceptamos la dirección en la que se está desarrollando el proceso por sí mismo. Esta falta de aceptación nace, a su vez, en nuestros deseos de preferir una marcha a otra para el proceso en cuestión; por ese motivo, el capítulo LXIV termina diciendo:

es por eso que el hombre santo
desea no desear, no dando valor a riquezas difíciles de obtener;
aprende a no aprender, retornando de donde las masas yerran;
a la naturaleza inherente de todos los procesos, pero sin osar interferir.

O, en otra formulación (Folha de Sâo Paulo, 14/05/2004):

Garfield

¿Es que el sabio es un ser con poderes fuera de lo normal?, ¿cómo identifica las semillas de las miríadas de procesos que se manifiestan en el mundo?, ¿acaso tendrá que desarrollar una visión “especial”, “aguzada”, a lo Supermán, que le permita ver lo que está empezando a desarrollarse a su alrededor? No, él simplemente mira hacia sí mismo.

El Dao De Jing, en este sentido, no es explicativo sino normativo: el sabio debe actuar sin actuar, desear no desear y saber no saber. Para entender mejor esta forma de actuar, debemos introducir aquí un concepto no trabajado por Laozi, el supuesto autor del Dao De Jing: 情 qíng, normalmente traducido como “Sentimientos, emociones, aquello que una persona siente; corazón, naturaleza humana, disposición; circunstancias, la verdad de los hechos; verdad, sinceridad”. Zhuangzi, también taoísta y posterior a Laozi, presenta a qíng como nuestra respuesta interior a las circunstancias que nos rodean: la emoción interna que nos mueve (e-moción) y que aparece como reacción a una acción externa.

Para entender mejor la función de qíng, hemos de repetir que, en Occidente, partimos de una base que, para nosotros, es obvia: somos ‘sujetos’ que observamos ‘objetos’ de los cuales estamos separados de forma fundamental y definitiva, entre otras cosas porque nos enseñaron que el logos fue algo que precedió a la Creación. Disociamos así un mundo ‘espiritual, mental, racional’ caracterizado por el discurso, de un mundo ‘material’, caracterizado por la acción y los objetos, y denominamos ‘conocimiento’ a aquello que establece un puente entre ellos. De esta forma, definimos ‘conocer’ como ‘saber sobre algo’, y confundimos sabiduría con acumulación de información. Como consecuencia, valoramos la teoría y desdeñamos la práctica, ya que la primera trata de aquello que consideramos más noble porque antecedió al mundo manifestado, mientras que la segunda no es nada más que meterse con el mundo de los objetos, estando contaminada por ellos.

Sujeto Objeto

Para complicar más las cosas, tenemos también que lidiar con la emoción, una especie de prima pobre de la razón, porque, a pesar de ser ‘mental’, es originada por la interacción con el mundo de los objetos. Esto nos lleva a valorar el intelecto y despreciar los sentidos, a preferir lo racional cuando lo comparamos con lo emocional. En resumen, el hombre se ve como dividido en dos, y, por lo tanto, un poco esquizoide, ya que separamos el pensamiento de la acción, creando un conflicto permanente para integrar esos dos aspectos de nuestra vida; la pureza del pensar con el desprecio por las pasiones y la práctica. El discurso, que antecede a la acción, como el pensamiento de Dios antecedió a su acción creadora, es considerado como una recomendación da las acciones a llevar a cabo, solo que, anclado como está al campo mental, no tiene eficiencia garantizada para guiar nuestras conductas, afectadas tanto por la acción de lo emocional como por lo material.

Esta dicotomía no existe en China, porque ésta considera que ‘pensar’ y ‘sentir’ son partes de un mismo proceso total, y ocurren en un único órgano del hombre, el 心 xïn, que solo puede ser traducido por “corazón-mente”, ya que agrupa lo que para nosotros está separado de forma intrínseca. El proceso “yo” interactúa con los otros procesos, y su corazón-mente reacciona a las 情 qíng, emociones, que no son más que el resultado de esta interacción y, por tanto, capaces de portar valiosas informaciones sobre aquellos otros procesos.

xin, qing, dao y wan wu

El sabio observa las emociones, deduce a partir de ellas algunas características de los fenómenos con los cuales se está relacionando y, considerando sus tendencias personales, define el discurso que va a guiar su acción. Este discurso, que no puede separarse de la acción emprendida, constituye su 道 dào personal, y tendrá éxito o será considerado moralmente válido si tiende a armonizarse con el discurso que describe el funcionamiento del proceso total (que abarca al sabio y a sus circunstancias), el Dào (la ‘D’ mayúscula solo diferencia los dos niveles de discurso, pero no establece una diferencia fundamental entre ellos, pues los dos se refieren a hechos).

La acción, resultado de la interacción entre el hombre y sus circunstancias, es el hecho fundamental, ya que el discurso es meramente descriptivo. En otras palabras, el discurso que guía a la conducta no puede ser separado de la acción concreta que implementa esa conducta, donde sabiduría es equivalente a ‘saber hacer’ o ‘saber lidiar con”. De esta manera, es algo peculiar del pensamiento chino que este saber hacer no debe ser obstaculizado por lo racional, es decir, no debe ser pensado, debe ser intuitivo. El ideal de sabiduría se acerca mucho más a un saber atar con eficiencia los cordones de los zapatos que a formular una teoría sobre el discurrir del Universo. Por lo tanto, el sabio chino se integra con los procesos con los cuales tiene que interactuar, en lugar de distanciarse para observarlos fríamente como haría un occidental. Obviamente, no puede haber ‘objetividad’ en una visión del mundo donde todo se relaciona con todo y todo afecta a todo, formando una continuidad.

Esta prioridad a la acción respecto al discurso no es exclusiva de los sabios chinos: un músico tocando su instrumento no piensa en lo que está haciendo, se deja llevar por sus emociones e intuiciones; un trapecista no piensa en los que está haciendo, se deja llevar por el automatismo de años de práctica; pero todos ellos ejecutan sus actividades a la perfección, además de ser capaces de producir discursos sofisticadísimos sobre sus acciones, en caso de ser necesario y de manera secundaria. Goethe nos dice: (Citado por Yolanda Ruano, in Salas, 2005, pág. 62)

“¿Cómo podemos conocernos a nosotros mismos? Nunca a través de la contemplación, sino a través de la acción. Intenta cumplir con tu deber, e inmediatamente sabrás qué es lo que hay en ti. Pero, ¿cuál es tu deber? Las exigencias de cada día”

El mundo fue creado en seis días”: modelo occidental que nos impulsa como una zanahoria frente a un burro a una acción constante en pos de objetivos preestablecidos que nos parecen autoevidentes5. “El mundo está en constante transformación”: este modelo hace que China deje que las cosas sigan sus propios caminos; eso no significa inacción, ya que pueden modificar las condiciones para obtener, más o menos, lo que desean; lo que significa es que el intelecto no asume el control de los actos, que se realizan sin pensar, de forma instintiva, espontánea. ¿Cómo se consigue? Con una larga práctica…

Por lo tanto, el sabio chino busca dentro de sí la semilla de una emoción que solo es la contrapartida interna de la semilla que está empezando a manifestarse en el ámbito externo. Para identificar estas semillas, Oriente ha desarrollado múltiples técnicas, de las cuales podemos destacar, a título de ejemplo, la meditación zen y la consulta al Yi Jing.

En la meditación zen, la persona se sienta en una posición cómoda mirando hacia la pared con el objetivo de disminuir al máximo los estímulos ambientales (sonidos, imágenes, etc.) e internos (hormigueos, equilibrio del cuerpo, etc.). A continuación, intenta liberar su mente de los pensamientos que se originan espontáneamente en ella (lo que quiere decir que no les presta atención a medida que aparecen, evitando acompañarlos de forma consciente). Podemos observar una de las trampas propias de las palabras: en Occidente llamamos a este proceso “meditación”, pero es una palabra que genera grandes errores y confusiones 6. La palabra ‘meditación’ y sus correlativas tienen la connotación de una intensa actividad mental, y esto es EXACTAMENTE LO QUE HAY QUE EVITAR. La palabra más adecuada es exactamente aquella que se presenta como opuesta a ‘meditación’: ‘contemplación7. Hay en esta palaba cierta connotación pasiva por parte de quien está contemplando. Quien contempla parece vaciarse de sí mismo, dejándose invadir por aquello que es contemplado sin imponerle condicionamientos racionales, conceptuales ni, mucho menos, discursivos. Claro que, en el zen no estamos contemplando un paisaje o una pintura (estamos frente a una pared y en un ambiente con poca iluminación), ni se trata de ‘contemplar’ una sinfonía (estamos en un ambiente silencioso). Sin embargo, se trata de todo eso y de algo más: dejar que la mente contemple todo lo que ocurre alrededor de quien contempla e internamente a quien contempla; contemplación hecha sin recurrir a un discurso interior que describa aquello que está siendo contemplado.

Quien medita (¡ay!, no da para huir de la palabra que el uso ha institucionalizado, a pesar de referirse a algo completamente distinto), está, entonces, en condiciones de ejercer lo que se llama ‘atención plena’, cuando la mente queda en condiciones favorables para percibir el nacimiento de las emociones. En otras palabras, es sensible a aquello que está sintiendo (qíng). Una vez detectada una emoción, el paso siguiente es identificar qué fue lo que la disparó y, voilà, he aquí revelada la semilla externa, ubicada “fuera de mí” y que está empezando a manifestarse. Aquí viene el gran y efectivo ejercicio de libertad: ¿quiero continuar con esa combinación de circunstancia y emoción? En caso negativo, es muy fácil abortarlas en este momento; o, en caso positivo, mucho más eficaz apoyarlas en su desarrollo.

¿Parece fácil? ¡Pues no lo es! Requiere mucha práctica y un tipo particular de ‘esfuerzo’: el de no esforzarse. ¿Por qué es tan difícil? Porque es un hecho que no conseguimos controlar nuestros pensamientos: surgen y se desarrollan independientemente de nuestra voluntad de centrarlos en un determinado asunto, más aún si éste está en sus inicios. Considerando que el cerebro de la especie ‘homo’ se ha desarrollado durante algo más de un millón de años, cantidad pequeñísima para los patrones cosmológicos y biológicos, podemos hacer la analogía con una cría de ave que está aprendiendo a volar. Tiene todos los músculos y huesos necesarios, pero debe aprender a utilizarlos; agita las alas con fuerza, pero de manera descontrolada, hasta que aprende a efectuar los movimientos leves y majestuosos que llevan a un ave adulta a volar por los cielos.

En lo que respecta al Yi Jing, volvemos aquí a uno de los usos del libro: el consultante formula una pregunta sobre un asunto que le preocupa, consulta el libro mediante un determinado proceso aleatorio, y obtiene una respuesta a su pregunta. La respuesta está formulada en forma de imágenes y textos (que, a su vez, remiten a otras imágenes), y son esas imágenes y textos los que despiertan en nosotros a qíng, emociones a ser identificadas y que corresponden a las circunstancias externas que están en la base de la consulta. ¿Parece demasiado esotérico? Puede ser, pero quien lo ha experimentado honestamente, se da cuenta de que funciona, aunque no pueda decir porqué8.

El Yi Jing se presenta a sí mismo con la capacidad de desvelar las semillas de los cambios que se están gestando, pero, ¿por qué se producen los cambios?

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NOTAS

  1. xiàng: “Elefante; parecer, imitar, conformado, conforme, representar, simbolizar; forma, imagen”. Imagen: “Representación gráfica, plástica o fotográfica de persona o de objeto; representación exacta o analógica de un ser, de una cosa; copia; aquello que evoca una cosa determinada por tener con ella semejanza o relación simbólica; símbolo; representación mental de un objeto, de una impresión, etc.; recuerdo, evocación, producto de la imaginación, consciente o inconsciente; visión; manifestación sensible de lo abstracto o de lo invisible; metáfora [‘tropo que consiste en la transferencia de una palabra a un ámbito semántico que no es el del objeto que aquélla designa, y que se basa en una relación de semejanza sobreentendida entre el sentido propio y el figurado’]”. 精 jïng: “Arroz blanco bien refinado; pulir, refinar; detallar, minucias, detalles; habilidad; excelente, purificado, puro, sin diluir; hermoso, brillante, claro; profundo; esencia, espíritu, vitalidad; semilla; la esencia de; esencial, espíritus animales, espíritus, fantasmas; vigor, esfuerzo; habilidoso, versado en”.
  2. Esta frase tiene variaciones dependiendo del origen del texto. Estoy adoptando la que figura en los dos manuscritos de Mawangdui.
  3. Evidencia: “Cualidad de lo que es evidente; certeza manifiesta. Filos.: carácter del objeto de conocimiento que no comporta ninguna duda en cuanto a su verdad o falsedad. [La evidencia acompaña a los diversos tipos de asentimientos, ligándose, con todo, de manera más completa a la certeza]”.
  4. En meteorología se utiliza el llamado ‘Efecto Mariposa’, que dice: el aleteo de una mariposa en el Pacífico Sur provoca una tormenta en el Atlántico Norte”. ¿Por qué? Verdaderamente, es muy difícil elaborar los detalles, y la Teoría Matemática del Caos está intentando explicar esta relación, pero nadie duda del concepto.
  5. Recientemente, este relato de la creación literal en seis días está siendo sustituido por la idea del “diseño inteligente” según el cual Dios planeó el transcurso total del Universo antes de ponerlo en marcha. Tenemos aquí nuevamente el predominio, tanto en tiempo como en valor, de lo mental sobre lo práctico.
  6. Meditación: “Acto o efecto de meditar; concentración intensa del espíritu; reflexión; oración mental que consiste, sobre todo, en consideraciones y procesos mentales discursivos, y que se opone a la contemplación”. Meditar: “Someter a un examen interior; pensar en; estudiar, ponderar, considerar; proyectar, intentar, planear; hacer meditación; reflexionar, pensar”. Reflexión: “Vuelta de la consciencia, del espíritu, sobre sí mismo para examinar su propio contenido por medio del entendimiento, de la razón; pensamiento excesivo (‘cisma’ en el original, N. del T.), meditación; contemplación; consideración atenta; prudencia, tino, discernimiento; ponderación, observación, reparo”.
  7. Contemplación: “Aplicación demorada y absorta de la vista y del espíritu; meditación profunda; consideración, deferencia. Rel.: conocimiento de Dios y de las realidades divinas, no por vías y métodos discursivos y sí por la vivencia”.
  8. Quien haya leído (o intentado leer) “El universo en una cáscara de nuez”, donde el prestigioso físico inglés Stephen Hawking intenta aclarar la visión que la Física contemporánea tiene sobre el Universo, puede dar fe de que, incluso un respetable texto científico, puede parecer extraordinariamente ‘esotérico’, y debe recurrir también a imágenes para conseguir comunicarse con el lector. Por cierto, la ciencia posee tres restricciones fundamentales desveladas en el siglo XX, que limitan nuestra capacidad de explicar las cosas: 1º) el Teorema de Gödel: “dentro de cualquier sistema formal de axiomas como, por ejemplo, la Matemática actual, siempre existen cuestiones que no pueden ser probadas ni refutadas en base a los axiomas que definen el sistema” [es decir: ni la Matemática puede explicarlo todo]. 2º) el Principio de incertidumbre de Heisenberg: “en el mundo cuántico, la presencia del observador afecta al fenómeno observado” [es decir: en sus fundamentos, todos los fenómenos tienen una base aleatoria]; 3º) la Teoría del Caos: “es imposible seguir la evolución de un sistema determinístico que se torna caótico (ej.: los fenómenos atmosféricos)” [es decir, el mundo es demasiado complejo para que pueda explicarse en detalle].