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El Yi Jing es un modelo

  1. Yi Jing Orienta
  2. Yi Jing: Una herramienta para el autoconocimiento
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  4. El Yi Jing es un modelo
Fundamentación teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

El Yi Jing es un modelo

El Xì Cí, que es el comentario canónico más ‘filosófico’, dice sobre el Yi Jing en su párrafo A.II.6:

El sabio,
cuando está en reposo, contempla sus imágenes y examina sus Juicios; cuando se mueve, contempla sus cambios y examina sus pronósticos.
De esta manera, recibe la ayuda del Cielo: [todo] es benéfico y conveniente.

Vemos que el libro se ofrece a sí mismo para un doble uso: primero, en épocas de tranquilidad, el sabio lo utiliza como una fuente de sabiduría, y, segundo, en épocas de acción lo consulta como una fuente de consejos sobre la evolución de sus actos; seguir estos consejos solo puede traer beneficios. Debemos repetir que el Yi Jing se expresa por medio de imágenes, tanto visuales como textuales; las primeras se caracterizan por las formas de los hexagramas, trigramas y líneas, y las segundas por los diferentes textos que lo componen, y que, por tanto, no deben ser interpretados en forma literal.

Aceptar al Yi Jing como fuente de sabiduría es algo relativamente fácil tras los primeros contactos con sus textos y su estructura. Reconocer en él la capacidad de aconsejar sobre el resultado de acciones presentes es otro tema, porque toda nuestra formación racional se opone a ello.

El Yi Jing no es un oráculo 1, ya que, para acceder a sus textos y entenderlos, no es necesario apelar a una intervención divina que hable a través de él.

¿Puede el Yi Jing vaticinar2? No en el sentido de predecir: “decir anticipadamente lo que va a suceder”. La interacción entre todos los procesos es tan compleja que hace que esta sea una tarea imposible, como sabe todo buen meteorólogo. Además, para el Yi Jing tiene mucho peso el libre albedrío del hombre y la aceptación de que todos los procesos tienen un componente aleatorio considerable.

Para aclarar la función del libro hay otros dos conceptos que pueden sernos de ayuda: pronóstico y diagnóstico 3.

¿Puede el libro pronosticar? La palabra ‘pronóstico’ puede ser utilizada con el sentido de presagio o profecía, pero eso ya ha sido descartado en el caso que nos ocupa. Sin embargo, y mucho más importante, esta palabra se refiere también a “una conjetura sobre el desarrollo de alguna cosa”, estando basada esa conjetura en un diagnóstico previo. Es exactamente así como podemos entender el funcionamiento del libro cuando se nos ofrece como una herramienta que puede orientarnos en los momentos de duda. Diagnostica el presente (sustentado por la continuidad existente entre todos los procesos) y, basándose en él, hace un pronóstico sobre lo que podría ocurrir si se cumpliesen ciertas condiciones. El libro es como una carta náutica que mapea las posibles rutas alternativas que se originan a partir de un puerto, conduciendo cada una de ellas a lugares diferentes. Es decisión del piloto escoger y seguir una de ellas. Lleva a cabo la elección considerando el destino final de cada ruta, los accidentes de la ruta que será necesario afrontar, y hasta la confianza que él mismo tiene en sus habilidades como navegante para enfrentar los vientos inesperados que podrían aparecer en la ruta elegida.

En otras palabras, el Yi Jing no pretende adivinar el futuro. El libro se presenta como un modelo4 capaz de elucidar las tendencias existentes en un determinado momento para un determinado conjunto de procesos. Aclaradas las tendencias, al hombre le queda su libre albedrío, ya sea para seguirlas del modo en que se presentan, ya sea para influir en ellas modificando las circunstancias que afectan a esos procesos. Como ya dijimos antes, consultar al Yi Jing equivale a un ejercicio de “asociación libre freudiana”, identificando “variaciones sobre un tema” propuesto al consultante por el propio libro.

Podemos decir que los sabios chinos analizaron sus experiencias de vida, abstrajeron de ellas sus elementos esenciales, crearon un modelo que relacionaba estas abstracciones de una forma coherente, y pasaron a aplicar ese modelo a todo tipo de nuevas experiencias que, a su vez, confirmaron la solidez del modelo. Este proceso, repetido y perfeccionado a lo largo de treinta siglos, acabó por materializarse en el libro que ahora podemos consultar5.

Claro que, como dice el físico Marcelo Gleiser (Folha de São Paulo, 22/04/2012):

“Los modelos nunca pueden ser perfectos ni incluir todos los efectos, o no serían modelos. Todo modelo tiene limitaciones, precisamente porque no sabemos todo lo que es necesario para describir la situación de forma completa. Un modelo eficiente, no obstante, reproduce los datos de forma satisfactoria. Esto funciona porque varios factores son irrelevantes o solo causan pequeñas perturbaciones. Los modelos son la forma de lidiar con nuestro conocimiento limitado del mundo natural.”

Por eso el Yi Jing nos ofrece una aproximación a la realidad con la cual interactuamos, aproximación que depende de la agudeza del consultante y de su familiaridad con el libro.

Pronosticar a partir de un diagnóstico es algo que se espera de un libro sapiencial, pero ¿el Yi puede realmente diagnosticar? Para responder a esta pregunta, debemos volver a considerar la afirmación “todo es continuo”.

Hagamos un aparente desvío del asunto en cuestión y evaluemos la siguiente declaración:

“Hay una relación directa entre la cantidad de salmón en el Estrecho de Bering y el diámetro de los árboles en los bosques de la Columbia Británica, a más de 4.000 Km. de distancia”.

Esta afirmación, pocos años atrás, habría parecido absurda o, como mínimo, sospechosa, y habría sido considerada como un caso de tipo “a” (véase el capítulo “Causalidad o casualidad”): habríamos dicho que eso es una casualidad, algo fortuito, accidental, y que no hay relación posible entre estos hechos.

Solo que: los salmones retornan para desovar en la cabecera de los mismos ríos en los que nacieron; los osos se alimentan de esos salmones; cuando los salmones son muchos, los osos prefieren comer solamente el cerebro y las huevas, descartando el resto; otros animales, como los lobos, roedores, pájaros, aprovechan estos restos esparcidos por el suelo, en las sobras aún desparramadas, las moscas se alimentan y hacen su propio desove; las larvas de esas moscas se nutren de los restos ya podridos; así, toda traza de carne desaparece, y solo quedan los huesos. Tanto osos como lobos, roedores, pájaros y moscas defecan en sus restos, esparciéndose por el bosque; los árboles absorben ese rico material y lo transforman en su propia sustancia. ¿Cómo sabemos que todo eso está relacionado? Porque la carne de los salmones tiene una particular proporción de isótopos de nitrógeno, y esa proporción aparece con más notoriedad en los anillos de los árboles cuanto mayores sean esos anillos. Eso indica un mayor crecimiento anual de la planta, resultado directo de la mayor alimentación que ha recibido como resultado distante, a su vez, del mayor número de salmones del mar6.

Listo, ahora tenemos una explicación, y la afirmación sospechosa se ha transformado en ciencia. Estamos contentos porque hemos acuñado una nueva palabra, “ecosistema”, que representa esa compleja interrelación, sólo que eso no modifica el hecho de esta relación ya se manifestara antes incluso de que los esclarecidos y enciclopédicos europeos llegasen a América y que sus descendientes elaborasen las sofisticadas teorías que consiguen unir en un único proceso los diferentes fenómenos mencionados. La diferencia entre ese antes y ese después reside solamente en el hecho de que ahora tenemos una explicación que nos convence más que los hechos en sí, ya que se presentaban emparejados antes de esa, ahora convincente, explicación. Podemos darnos cuenta de que estamos ante una de las debilidades tradicionales de Occidente: solo se nos convence mediante una explicación basada en la idea de que el conocimiento es “algo que se sabe sobre algo”, y nos cuesta aceptar que el conocimiento también puede provenir del contacto directo con ese algo, sin una medicación lógico-intelectual. Paradójicamente, la ciencia, una creación occidental, nos ofrece, con su énfasis en la experimentación, una puerta de salida a esa limitación: solo la experiencia valida una teoría, no la fuerza ni la belleza de sus operaciones intelectuales.

El problema es que, cuando dos fenómenos se nos presentan aparentemente vinculados uno al otro y no conocemos efectivamente la regla que define esa vinculación, la elección de la opción “b” (que es: ser francamente honestos, decir que somos incapaces de determinar la ley que los vincula y aceptar la relación aparente entre los hechos) deja espacio a muchas afirmaciones gratuitas, creencias, dogmas y supersticiones.

curva de Koch

Otra forma de evaluar procesos complejos es recurriendo a las figuras llamadas fractales. A la izquierda vemos la llamada curva de Koch, construida mediante la adición de nuevos triángulos en cada uno de los lados de los triángulos ya diseñados. La figura va siendo cada vez más compleja, pero siempre estará formada por el mismo patrón. Así, si observamos con una lupa la figura compleja en la parte inferior de la ilustración, veremos la misma disposición de triángulos presente en las figuras superiores. Esta propiedad aparece en la formación de los cristales de nieve y muchos otros fenómenos de la naturaleza. Resultado: un proceso que se parece muy complejo, revela estar constituido por partes mucho más simples. En una analogía muy superficial, podemos decir que el Yi Jing es como una lupa que nos permite ver una fracción minúscula de un conjunto de fenómenos, representados por la consulta, y deducir de ahí propiedades del proceso que los abarca, cosa que es perfectamente posible hacer con cualquier curva fractal.

Toda la discusión anterior nos lleva a un problema fundamental: ¿será capaz el hombre de comprender algún día todos los fenómenos que se le presentan, o hay límites para esa comprensión? O, siguiendo una vez más al filósofo americano Richard Rorty, debemos preguntarnos: ¿cómo sabemos lo que no sabemos?, ¿cómo sabemos lo que se sabrá?, ¿cómo y cuándo sabremos que ya hemos llegado a saberlo todo? Si no nos abrimos a lo que no sabemos, nunca podremos saber más. Confirmamos que esto realmente es así observando con atención una ciencia racional como la Física, en la cual cada respuesta hallada genera un sinnúmero de nuevas preguntas, evocando la imagen de un cachorro que persigue indefinidamente su propio rabo.

¿Cómo salir de esta trampa? El único camino posible es aquel que yace en los propios fundamentos de la ciencia: la experiencia. Debemos observar, sin preconceptos, la vinculación entre los hechos; prescindir, aunque sea temporalmente, de una explicación; y aceptar, tal como está implícito en la lengua china, que estos hechos están emparejados por causas aún desconocidas, pero que eso no debe impedirnos aceptar la ligazón entre ellos.

El problema de esta actitud es cómo conseguir posicionarse armónicamente entre una posición holística7, que puede ser demasiado general, y una analítica, que puede ser demasiado detallada. Pues bien, esto nos recuerda el dicho: “quien procura ver los árboles, no ve el bosque”. Exige de parte de quien observa los fenómenos una agudeza equilibrada, que siempre se ha denominado “sabiduría”, y que solo se obtiene a través del desarrollo personal y de la superación paulatina de un gran número de errores.

El Dao De Jing, cap. XVI, nos dice:

Extiende el vacío hasta el extremo, mantén una tranquila concentración.

Todos los procesos están activos al mismo tiempo, y podemos verlos revertir.

Los procesos florecen copiosamente, y cada uno revierte convergiendo hacia sus propias raíces.

Converger hacia sus raíces significa tranquilidad; tranquilidad significa retornar a su camino; retornar a su camino significa perdurar; saber perdurar significa agudeza. No saber retornar es inadecuado y, al mismo tiempo, perjudicial.

Sabiendo perdurar, lo abraza todo; abrazando todo, es imparcial; siendo imparcial, es completo; siendo completo, es celestial; siendo celestial, es [como] el dào, es duradero, y, excediendo lo corpóreo, no peligra.

El sabio, vaciándose de conceptos, desarrolla su agudeza al ser capaz de aceptar todos los procesos sin preferir unos a otros. Deja que las tendencias individuales e inherentes de esos procesos, sus dào, den cuenta de ellos y se manifiesten libremente. Permite tranquilamente que cada uno de esos procesos retorne a su destino, a la parte que, natural y espontáneamente, le corresponde dentro del todo. Retornar a su camino significa actuar conforme a la suma de las tendencias que podemos denominar “auténticas”, propias de cada fenómeno, y de aquellas otras que podemos llamar “espurias”, que tienen su origen en la simple interacción con los demás procesos (véase cap. “Auténtico y falso”). Por lo tanto, todos los procesos, incluyendo al propio sabio, se extienden durante el máximo tiempo posible, ya que no tienen que gastar energías adicionales en fricciones innecesarias con los demás.

Así que, para saber si el Yi Jing es capaz o no de diagnosticar la situación presente, debemos utilizarlo y llegar a una opinión propia. Treinta siglos seguidos de cultura china afirman que sí, que el libro tiene esa capacidad. Cuatro siglos de tradición racional occidental nos dicen que un libro no puede hacer eso. Optar por una u otra postura exige una involucración personal sin preconceptos, probando consultas y respuestas para verificar si efectivamente están relacionadas, aunque no podamos decir el porqué.

El Xì Cí B.VIII describe la función del Yi Jing en las siguientes palabras (en la traducción de Karcher, 2000, pág. 142):

El Yi es un libro del que no te puedes apartar.

Su dào está siempre alterándose:

Transformación y movimiento, nunca descansando, fluyen a través de las seis posiciones vacías.

Subiendo y descendiendo, nunca fijos, lo firme y lo maleable se transforman uno en el otro.

No hay reglas que lo delimiten porque solamente sigue a los cambios.

Entra y sale rítmicamente, enseña cautela en el interior y en el exterior, y muestra claramente las causas de ansiedad y calamidad.

No actúa como un maestro o un guardián, sino como si fuesen tus padres acercándose.

Primero sigue las palabras y medita sobre sus significados, entonces, súbitamente, el dào [la forma de actuar] aparecerá.

Pero, si no estás dispuesto a hacer eso, el dào no se abrirá para ti.

Como complemento, el Yi Jing, en el Dictamen del hexagrama 4, “Superando la ignorancia”, dice, refiriéndose a sí mismo:

Al superar la ignorancia se ejerce influencia.

No soy yo quien busca al joven ignorante, el joven ignorante me busca.

A la primera consulta, respondo; si hace dos o tres, es molesto; molestando, no respondo.

Teniendo esto en cuenta, es conveniente insistir.

Como vemos, los textos citados enfatizan la actitud sincera con que el lector debe aproximarse al libro. ¿Requiere eso, inevitablemente, una dosis de creencia?

Una de las críticas frecuentes al Yi Jing en Occidente es que sus textos son demasiado “abiertos” y que, por tanto, pueden aplicarse a cualquier cosa y justificar cualquier conclusión. Lo que pasa es que en esa crítica hay un profundo error de evaluación, ya que ESO ES EXACTAMENTE LO QUE LOS TEXTOS PRETENDEN, YA QUE NO IMPORTA LO QUE DICEN, LO QUE IMPORTA ES LO QUE EVOCAN EN EL LECTOR. Solo prestando atención al efecto emocional y a la asociación de ideas que el texto produce en el consultante es que el libro alcanzar el resultado pretendido. Por eso el Yi Jing no apela a un acto de comprensión intelectual: en lugar de ello, exige una apertura amplia por parte del lector, a fin de traer a la superficie lo que estaba escondido a su percepción…a pesar de que ya foma parte de sus circunstancias vitales.

Con respecto a la advertencia del Yi Jing sobre la repetición de las consultas, manifestada en el Dictamen del Hexagrama 4, se asocia a dos hechos: primero, si se repite la misma consulta, ello indica que el consultante no ha prestado la adecuada atención a la respuesta y no ha agotado los significados que la misma ha puesto a su disposición; y, segundo, tras obtener la primera respuesta, el momento ha cambiado porque el consultante dispone de una información que antes no tenía, y, haya comprendido o no la respuesta, ésta ya ha pasado a formar parte de sus circunstancias, lo que implica que una nueva consulta deberá ser, ahora, diferente. Por eso se da esta advertencia en un hexagrama llamado “Superando la ignorancia”, donde el Yi Jing se pone a disposición de quien lo busca, pero sin presionar a nadie para que lo acepte. Una vez más es el hombre quien detenta el poder y el riesgo del libre albedrío.

Recopilando lo dicho hasta ahora, podemos argumentar que:

Por último, podemos apropiarnos de las elocuentes palabras con las que Jung (en Wilhelm, 1986, pág. 26) cierra su prefacio al libro:

“[…] Más no se puede esperar de una simple introducción. Si, a través de esta demostración, he conseguido elucidar la fenomenología psicológica del I Ching, habré alcanzado mi propósito. En cuanto a los miles de preguntas, dudas y críticas que este libro extraordinario suscita, no puedo responderlas. El I Ching no se presenta con pruebas y resultados, no se vanagloria de sí mismo ni es fácil de abordar. Como un parte de la naturaleza, espera hasta ser descubierto. No ofrece hechos ni poder, pero, para los amantes del autoconocimiento, de la sabiduría – si éstos existen – parece ser el libro indicado. Para algunos, su espíritu parecerá claro como el día; para otros, sombrío como el crepúsculo; y para otros, oscuro incluso como la noche. Aquel que no lo aprecia, no necesita usarlo, y aquel que está en su contra, no está obligado a considerarlo como verdadero. Que le dejen seguir en el mundo en beneficio de aquellos que sean capaces de discernir su significado.”

Por lo tanto, la experiencia de quien se aproxima al Yi Jing de forma abierta y sin preconceptos verifica que se ponga efectivamente a disposición en los dos niveles ya mencionados: primero, como una fuente de sabiduría que poco a poco se internaliza en quien lo estudia; y, segundo, así como un buen médico se basa en un sólido diagnóstico para efectuar un pronóstico preciso sobre la evolución de una enfermedad, el libro se muestra capaz de aclarar la situación presente y su trayectoria más probable. Podemos observar también que ello acontece con mayor intensidad cuanto mayor sea la exposición a sus textos y estructura. Para quien se detenga en la pregunta “¿por qué consigue hacer eso?”, no hay una respuesta absolutamente satisfactoria. Para quien lo acepte y se abra a “¿cómo lo hace?”, se revela un mundo fascinante y profundo.

NOTAS

  1. Oráculo: “Respuesta de un dios a quien se consultaba; divinidad que responde a consultas y orienta al creyente; Fig.: palabra, sentencia o decisión inspirada, infalible, o que tiene gran autoridad; Fig.: persona cuya palabra o consejo tiene mucho peso o inspira absoluta confianza”.
  2. Vaticinar: “Profetizar, predecir, prever; preanunciar”. Profecía: “Predicción del futuro hecha por un profeta; oráculo, vaticinio, presagio: Fig.: hipótesis, suposición, conjetura”.
  3. Pronóstico: [Del griego prognostikón y prógnosis, 'conocimiento anticipado']: “Conjetura sobre el desarrollo de un negocio, de una situación, etc.; predicción, augurio, presagio, profecía; Med.: juicio médico, basado en el diagnóstico y en las posibilidades terapéuticas, acerca de la duración, evolución y término de una enfermedad”. Diagnóstico [Del griego diagnostikós]: “Conocimiento o determinación de una dolencia por lo(s) síntoma(s), señal o señales y/o mediante exámenes diversos (radiológicos, de laboratorio, etc.); el conjunto de los datos en los que se basa esta determinación”.
  4. Modelo: “Fis.: Esquema que posibilita la representación de un fenómeno o conjunto de fenómenos físicos, y eventualmente la previsión de nuevos fenómenos o propiedades, tomando como base cierto número de leyes físicas, en general obtenidas o testadas experimentalmente”.
  5. Para conseguir utilizar un martillo, ¿nuestros antepasados necesitaban conocer las ecuaciones de masa, acción y reacción, etc., fundamentales para saber por qué un martillo funciona como martillo? No, ellos verificaban que la herramienta funcionaba de manera útil y adecuada. Ese mismo argumento se aplica al Yi Jing: ¿funciona?, entonces, ¡vamos a utilizarlo!
  6. “Salmon-derived nitrogen in terrestrial invertebrates from coniferous forests of the Pacific Northwest”; Morgan D. Hocking and Thomas E. Reimchen; Department of Biology, University of Victoria, PO Box 3020, Victoria, B.C. V8W 3NS, Canada; BMC Ecology 2002, 2:4 (published 19 March 2002).
  7. Holismo: “Filos.: Tendencia que se supone que es propia del Universo, a sintetizar unidades en totalidades organizadas; teoría según la cual el hombre es un todo indivisible, y que no puede ser explicado por sus distintos componentes (físico, psicológico o psíquico) considerados separadamente”.
  8. Estrategia: “Arte de aplicar con eficacia los recursos de que se dispone o de explorar las condiciones favorables de que quizás se disfrute, con el objetivo de alcanzar determinados objetivos”.