Esta página em português

Curso y potencial

  1. Yi Jing Orienta
  2. Yi Jing: Una herramienta para el autoconocimiento
  3. Fundamentación teórica
  4. Curso y potencial
Fundamentação teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

Curso y potencial: 道 dào, 德 de (Tao Te)

Pensemos en un río. Nace en las laderas de las montañas, salta desniveles formando cascadas, serpentea por las planicies y desagua finalmente en el mar. Tiene un curso que lo define, resultado de la interacción entre su caudal de agua y las características del terreno por el que se desplaza. Si consideramos una hoja flotando en ese río, vemos que sería incorrecto que pretendiese desengancharse del camino que las aguas van marcando: lo natural y correcto es que siga ese camino determinado por la armonía entre el agua y el terreno. Ese curso es lo que los chinos denominaron el 道 dào propio de ese río o de esa hoja, es decir, el conjunto de circunstancias por las cuales cada proceso debe pasar, y la forma con que debe afrontar esas circunstancias1.

Pero (un gran ‘pero’) hay ríos y ríos. Algunos de ellos son turbios y fluyen despacio; otros son intensos y límpidos. Ante unos permanecemos indiferentes; ante otros somos tocados por su majestad. Unos nos provocan pavor; otros nos fascinan e inspiran. Unos tienen el potencial de albergar una termoeléctrica y otros no. Cada uno de ellos tiene una energía que lo caracteriza, y esta energía influye en el mundo que le rodea de una forma y con una intensidad que le es propia. Esta característica es lo que los chinos denominaron 得 , la intensidad con que un proceso influye en aquellos otros con los que se relaciona.

Consideremos ahora la palabra ‘campo’ que, además de significar “terreno plano”, tiene, entre otras, varias acepciones interesantes que pueden, por analogía, iluminar el asunto que nos ocupa (Diccionario Houaiss):

CAMPO: “Región que se encuentra bajo la influencia de alguna fuerza o agente físico como, p. e., el campo electromagnético, el campo gravitacional o el campo de temperaturas; derivación (en sentido figurado): área en la que se desarrolla determinada actividad; esfera de acción; dominio, ámbito; espacio, medio para que se realice o debata algo”.

Podemos relacionar los dos conceptos chinos que estamos analizando haciendo una analogía con un campo de fuerzas, como, por ejemplo, aquel que se manifiesta en torno a una estrella. Su campo, en este caso gravitacional (también existen a su alrededor campos magnéticos, eléctricos, etc.) es su capacidad de influir en la posición y en el movimiento de los planetas que la rodean. La idea de campo de fuerzas, que ahora nos parece natural e intuitiva, exigió un esfuerzo de las mentes más esclarecidas del planeta para ser formulada en el siglo XIX. Hasta entonces sólo se aceptaba que un objeto podía afectar a otro mediante la aplicación directa de una fuerza a través de un medio que la propagase; para ello, y dominados por el concepto de ‘substancia’, los físicos postulaban la existencia de un éter que permeaba el Universo, pero que nadie conseguía encontrar. Un campo de fuerzas, por otra parte, ejerce una acción indirecta que actúa, incluso, a través del vacío. Que la simple existencia de la masa de la estrella produjese un efecto a distancia fue un hueso duro de roer para la comunidad científica de aquella época.

En otras palabras, un campo de fuerzas es el resultado de la acción a distancia de un cuerpo; esa acción depende de la forma del cuerpo, y su intensidad y alcance dependen de lo grande que sea ese cuerpo. El concepto de campo, sin embargo, no se aplica solamente a la Física. Karl R. Popper (“El yo y su cerebro, pág. 52, UNB, 1991) recomienda:

“[...] sustituir las ideas clásicas de posibilidad, potencialidad, capacidad o fuerza por su nueva versión, por la probabilidad o propensión. Como vimos, la primera emergencia de una novedad tal como la vida puede cambiar las probabilidades o propensiones en el universo. Podríamos decir que las nuevas entidades emergentes (micro y macro) cambian las propensiones (también micro y macro) en sus adyacencias. Introducen nuevas posibilidades, probabilidades o propensiones en sus proximidades; crean nuevos campos de propensiones, como una nueva estrella crea un nuevo campo gravitacional”. 2

El concepto de hombre en China es análogo al de un campo de fuerzas. Cada hombre influye en sus circunstancias de una forma particular en función de su posición en la sociedad y de su experiencia, y lo hace con una intensidad proporcional a su “fuerza moral”. A esta capacidad de influir a distancia a partir de su posición y experiencia la llamarán 道 dào, que significa “camino”, y de ahí obtenemos otras acepciones como “curso, ruta, discurso, guiar, propensión con que el hombre actúa en el mundo”. A la intensidad de esa acción la denominaron 德 , que significa “fuerza moral; potencial, virtud (en el sentido latino de: calidad propia para que se produzcan ciertos efectos; característica, propiedad)”.

Resumiendo, podemos decir que es la capacidad de influir en el entorno y dào la forma de implementar esa influencia. El dào es lo que se hace y el la intensidad con la que se hace. Juntos caracterizan lo que Ames y Hall (2003, pág. 21) denominan como:

“ars contextualis, el arte de contextualizar: una forma de vivir y de relacionarse con el mundo que simplemente procura obtener el máximo posible de la diversidad de las experiencias”.

Por lo tanto, para los chinos el hombre no era un ‘ser’ limitado por su piel y envolviendo, de alguna forma, un alma. Era ampliado por su familia su ciudad, su país, en función de su dé. Los mayores ejemplos son los emperadores, cuya influencia llegaba a las cuatro esquinas de China, o el de Confucio, cuya fuerza moral, dé, era tan grande que su influencia perdura por siglos tras haber muerto.

Pero el dào y el no son exclusividades humanas, son propiedades de los 萬 物 wanwu, “los diez mil procesos”, es decir, de todo lo manifestado. Las pirámides egipcias tienen un muy intenso, bien como el David de Miguel Ángel, el Cielo Estrellado de Van Gogh o la Novena Sinfonía de Beethoven. Todos ellos tienen un dào, es decir, ejercen una influencia que trasciende tiempo y distancia (o espacio-tiempo). Sin embargo, no están aislados, interactúan entre sí: ¿Qué habrá pensado el Mozart adolescente cuando vio al David? ¿Cómo le afectó el equilibrio de la estatua y cómo se reflejó en su música? Los ‘cuatro mil años de Historia’ a los que el joven Napoleón se refirió a los pies de las pirámides ¿cuánto habrán influido en su decisión de pasar él mismo a la Historia? Obras de arte e individuos se influencian mutuamente formando culturas específicas que, a su vez, tienen su dào y su . El dào de Roma creció en la época republicana y en los comienzos del Imperio por la fuerza de su . Cuando, en la época imperial, perdió su , su dào, y, por tanto, su poder e influencia menguó. La Biblia, el Talmud y el Corán son dàos con sus dés, pero son caminos que se inter penetran y superponen. ¿Cuáles son los límites entre nuestros iguales y nosotros?, ¿Cuánto de nuestros padres existe en nosotros? En resumen, es ilusorio pensar que somos un ‘Ser’ diferente y separado de los demás ‘seres’.

El capítulo LXVII del Dao De Jing dice sobre el sabio:

Sin salir de su casa, conoce 3 bajo el cielo; sin asomarse a la ventana, ve el curso del cielo.

Es decir, el sabio es capaza de alcanzar límites distantes sin importar el lugar en que se encuentre, pero sí el enfoque con el que se posiciona en relación a sus circunstancias.

Por otra parte, el capítulo LI del Dao De Jing, al hablar de los diez mil procesos que corresponden a todo lo real, empieza diciendo:

El dào (el campo de las acciones) los hace nacer, el dé (la intensidad de las acciones) los alimenta, los [demás] procesos les dan forma, las circunstancias los completan.

Un proceso se origina por la interacción con todos los demás procesos (cada uno según su dáo), crece con la intensidad con que éstos se manifiestan (cada uno con su ) y la forma que adquiere el resultado de esta compleja interacción. Por eso podemos concluir que, primero, nada puede ser aislado de sus circunstancias sin perder parte de lo que él es; y, segundo, en cada proceso pueden encontrarse trazas de todos los demás. Todo es interdependiente, lo que una vez más nos remite al “yo soy yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset, o a la imagen budista del Universo como un conjunto infinito de diamantes, cada uno de ellos reverberando en todos los demás. Entonces, ¿por qué nos sorprende que un libro tenga la pretensión de reflejar todos los fenómenos existentes?

Considerando la influencia que tuvo en la cultura china, podemos decir que el Yi Jing tiene un dé muy fuerte, y su capacidad de interactuar con todos los fenómenos no debe menospreciarse. ¿Acaso no podemos decir lo mismo de la Biblia? Hay personas que la abren al azar y encuentran respuestas a sus anhelos. ¿Estarán equivocadas? ¿Qué será lo que encuentran en esos textos?

[Próxima página]

NOTAS

  1. Esta analogía entre el dào y un curso de agua es profusamente utilizada en el Dao De Jing.
  2. Propensión: “Capacidad innata para (algo); inclinación, vocación, talento; elección o decisión previa; intención, disposición, tendencia”.
  3. Recordemos que ‘conocer’ en chino significa ‘saber hacer’ (véase Glosario).