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¿Causalidad o casualidad?

  1. Yi Jing Orienta
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Fundamentação teórica

CONTENIDO DE LA FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Historia del Yi Jing

¿Por qué funciona el Yi Jing?

¿Causalidad o casualidad?

A palabra 'acaso' 1 tiene connotaciones confusas, ya que, en su uso cotidiano, trae a nuestra mente la idea de caos, falta de causalidad o falta de orden. Pero ni ‘acaso’ ni su concepto correlativo, ‘aleatorio’, tiene vinculación con ‘caos, caótico, desorden o no causalidad’, a pesar de que tienen, efectivamente, una connotación de ‘impreciso, problemático, vago’. ‘Acaso’, refleja simplemente nuestra ignorancia de las leyes que determinan cualquier acontecimiento. Por ‘ley’ no entendemos algo que ‘gobierne’ los procesos y haga que sean lo que están siendo; ‘ley’ debe comprenderse como una relación constante entre los cambios que aparecen en estos procesos como resultado de la interacción entre sus características inherentes y el contacto con sus circunstancias.

Cuando evaluamos una serie de hechos, podemos conocer o no la ley que describe su interrelación y que convierte a unos en causas de los cambios de los otros. En caso de que conozcamos esta ley, estaremos ante un fenómeno científicamente determinado. Si no la conocemos, entonces es una pura elección personal la toma de una de las siguientes posturas:

  1. Decir que no hay un orden, que lo que ocurrió fue una casualidad, algo fortuito, accidental, sin tener en cuenta, de este modo, una posible relación entre los hechos.
  2. Ser honestos y decir francamente que somos incapaces de determinar la ley, pero que aceptamos la relación aparente entre los hechos.
  3. Creer que la ley está más allá de la capacidad del entendimiento humano y que la interrelación está determinada por la intervención divina, llevándonos a reverenciar los hechos.

El azar gobierna nuestras vidas de forma más intensa de lo que nos gustaría reconocer. Por azar nos encontramos por primera vez con la persona amada2. Podemos también decir que Edipo solo fue Edipo después de encontrarse por acaso con su padre, iniciando así la secuencia de su trágico destino. Pero ese “destino” fue construido después de los hechos. Si se hubiese encontrado en la calle con alguien que no fuese su padre, Edipo habría sido más como un griego belicoso, un burgués padre de familia, lo que habría obligado a Freud a mirar a otra parte para hallar una “imagen”, un nombre, para el conjunto de fenómenos psíquicos que identificó en la historia de Edipo.

En otras palabras, llamamos ‘acaso’ a nuestro desconocimiento de la interrelación entre la mayoría de los procesos que, como dice el ya citado capítulo XXI del Dao De Jiing, interactúan de “forma simplemente oscura y confusa”.

Fenómenos complejos, como el funcionamiento de nuestro sistema nervioso o el comportamiento de la atmósfera, son estudiados por una nueva rama de las Matemáticas llamada Teoría del Caos. Esta teoría se ocupa de los fenómenos que dependen mucho de sus condiciones iniciales, y está empezando a aclarar las leyes que los describen. Estos fenómenos que antes eran considerados simplemente caóticos, están mostrando su aspecto aleatorio.

Claro está que sabemos que “todo tiene una causa” que lo provoca. Por lo tanto, la caída de unas monedas sigue leyes físicas deterministas, y su trayectoria puede ser expresada matemáticamente en función de su masa, de los movimientos impuestos por la mano que las lanza, etc. Pero, a pesar de ello, el fenómeno es tan complejo que no podemos prever los lados en que van a caer. Lo que sí podemos prever es que la mitad de las veces saldrá ‘cara’, y por eso decimos que estamos frente a un fenómeno aleatorio. Vemos, entonces, que el determinismo se relaciona con el azar sin contradecirlo; al tirar una moneda, no sabemos el resultado, pero al jugar mil monedas sabemos que, aproximadamente, 500 de ellas caerán en el lado de la ‘cara’. Es lo que en Matemáticas se llama “ley de los grandes números”.

Otro ejemplo es la radiactividad, que es la desintegración espontánea del núcleo de un átomo de un elemento químico, el cual resulta en la emisión de partículas u ondas, y la transformación de ese elemento en otro. No es posible predecir cuándo un átomo determinado se desintegrará espontáneamente, pero cada elemento radiactivo tiene un ‘tiempo de vida’ muy bien definido en el cual su radiactividad se reduce a la mitad (en el caso del radio es de 1.620 años). Tenemos aquí otro ejemplo del azar en el nacimiento de un fenómeno, en este caso actuando sobre el microcosmo de un átomo en particular, y del determinismo en el macrocosmo del fenómeno visible, donde una masa de radio se comporta de forma totalmente previsible y exacta.

Otro ejemplo más lo constituye el hecho de que, de millones de espermatozoides, sol uno se unirá al óvulo, resultando en un hombre o en una mujer solo en función del espermatozoide que llegue, por azar, al óvulo. Lo que ocurre es que, a pesar de ser un fenómeno aleatorio, la cantidad relativa de personas de cada sexo en el planeta se mantiene razonablemente constante en un 50% de hombres y un 50% de mujeres.

Estas consideraciones llevaron a Jung a decir, en su prefacio al Yi Jing (Jung, en Wilhelm, 1986, pág.16):

“Es curioso que un pueblo tan dotado e inteligente como el chino nunca haya desarrollado lo que llamamos ciencia. Nuestra ciencia, sin embargo, está basada en el principio de causalidad, el cual se considera una verdad axiomática. Pero se está dando un gran cambio en nuestro punto de vista. Lo que la ‘Crítica de la Razón Pura’ de Kant no consiguió, lo está haciendo la Física moderna: ahora sabemos que lo que llamamos leyes naturales son meramente verdades estadísticas que suponen necesariamente excepciones. Aún no nos damos cuenta de que necesitamos del laboratorio, con sus decisivas limitaciones, para demostrar la verdad invariable de las leyes naturales. Si dejáramos actuar a la naturaleza, veríamos un cuadro muy diferente: el azar va a interferir total o parcialmente en todo proceso, tanto es así que, en circunstancias naturales, una secuencia de hechos que esté en absoluta concordancia con leyes específicas, constituye casi una excepción”.

Este papel del azar llevó a Jung a formular el principio de la ‘sincronicidad’ como alternativa al de la causalidad. La sincronicidad otorga a la llamada coincidencia de dos acontecimientos, en el tiempo o en el espacio, un significado que los interrelaciona, independientemente de que estén o no vinculados por el fenómeno de causa y efecto (Jung, 1980, pág. 505 y Jung, 1973).

Pero, ¿cómo se dice ‘azar’ en chino? En chino antiguo, la palabra más próxima sería 偶 ôu, y en chino moderno, el concepto de ‘azar’ es traducido por 偶 然 ôu rán. 3

Debemos destacar el hecho de que la primera palabra signifique tanto ‘emparejar’ como ‘accidental’, y que la segunda exprese una afirmación rotunda. Juntando las dos palabras, se puede decir que:

Acaso = “aquello que está ciertamente emparejado; lo que está junto y preparado; aquello que está, sin duda, unido entre sí; lo que está junto de forma cierta; lo que está así unido”.

Aquí perdemos toda referencia a ‘destino’, ‘casualidad’, ‘imprevisto’, ‘suerte’, ‘fortuna’, y reencontramos la ‘sincronicidad’ de Jung, ya anticipada por los chinos. Vemos que, para ellos, un acontecimiento aparentemente fortuito puede ser ‘imprevisible en relación con las causas que lo determinan o injustificable con respecto a la significación asumida’, como dice el Diccionario Aurelio en la entrada ‘acaso’, pero de ningún es caótico. La convicción china de la continuidad e interrelación entre todos los fenómenos, le lleva a considerar que, cuando dos de ellos aparecen simultáneamente de manera inesperada, y aparentemente desligados, en realidad se trata de algo que debe ser tratado como: ‘¡si es así, es porque es correcto, y está listo!’. China parece hacer una elección cultural por la opción ‘b’ citada más arriba: “no sé decir por qué aparecieron al mismo tiempo, pero, si sucedió, no puede ser algo equivocado”. 4

Citando nuevamente a Jung: (En Wilhelm, 1986, pag.16.) [Subrayados por el autor]

“La mente china, tal como la veo trabajando en el I Ching, parece preocuparse exclusivamente por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que llamamos coincidencia parece ser el interés principal de esta mente peculiar, y lo que veneramos como causalidad pasa casi desapercibido. […] La cuestión que le interesa parece ser la configuración formada por eventos casuales en el momento de la observación [consulta], y en modo alguno las hipotéticas razones que aparentemente justifican la coincidencia. Mientras que la mente occidental examina cuidadosamente, pesa, selecciona, clasifica y aísla, la visión china del momento actual incluye todo, hasta el menor y más absurdo detalle, pues todo compone el momento observado”.

Claro que, ¿qué preocupación causal puede tener alguien que sabe, en el fondo de su corazón, que todo, absolutamente todo, está interconectado y forma parte integral del momento presente? No poder describir la cadena causal de algún fenómeno o acontecimiento es una molestia, una contrariedad, una simple ignorancia momentánea, que incluso podría ser superada mediante cierto esfuerzo que, en general y considerando la impermanencia propia de los procesos, no compensa hacer, a menos que queramos reproducirla en el futuro. Conociendo la cadena causal, ¿qué podríamos descubrir de nuevo? La secuencia causal pertenece al pasado, lo que realmente importa es el fenómeno o acontecimiento con el que tenemos que lidiar aquí y ahora, la decisión que tenemos que tomar ahora para dar continuidad a nuestro ‘estar-siendo’, a nuestro ‘entre-sí’ con nuestras circunstancias. Eso no significa invalidar la importancia de la historia, ya que sirve para revelarnos el dào tras los hechos ocurridos, permitiéndonos evaluar de manera más eficiente las alternativas que se nos presentan. Pero no necesitamos conocer TODA la secuencia causal de los procesos a nuestro alrededor para que podamos vivir satisfactoriamente.

Debemos destacar que, tal como está implícito en la propia estructura del Yi Jing, los chinos consideraban que cada situación tenía una evolución MÁS PROBABLE que otras. Eso no quiere decir que creyesen en un destino ciego como el definido por las Parcas griegas, o que dependa totalmente de una voluntad divina como la del Alá musulmán. Ellos consideraban que, frente a circunstancias específicas, el hombre tenía libre albedrío para escoger entre actuar bien o mal, trayendo, como consecuencia natural, un beneficio o un perjuicio, respectivamente. Lo que les resultaba evidente era que ciertas situaciones favorecían el actuar correctamente, mientras que en otras era más fácil actuar de manera equivocada. El sabio debía ser capaz de percibir esas alternativas, reduciendo sus errores al mínimo, aunque para ello debiese escoger el camino más arduo. Por lo tanto, debemos entender la función oracular de Yi Jing como una recomendación, no como una prescripción. Como algo que lleve al consultante a preguntarse: “las consecuencias de esta acción mía ¿serán faustas o infaustas para mí y los míos?”, y que lo estimule a considerar todos los matices de la situación, a fin de escoger adecuadamente su conducta posterior. Debemos destacar que un sabio, siendo sabio, no queda sometido pasivamente al azar. Él sabe que debe prepararse, fortalecerse y estar vigilante hasta que se presente una situación favorable, para, ahí sí, actuar con determinación.

Por lo tanto, el Yi Jing utiliza un método aleatorio para su función oracular porque considera que, tras formular una consulta, la respuesta obtenida del libro TIENE que ser significativa, porque existe una relación de ‘sincronicidad’ entre ellas, es decir, la pregunta y la respuesta comparten un mismo significado. ¿Por qué? No lo sabemos, pero, como la respuesta ha seguido a la pregunta, prestémosle atención para extraer alguna enseñanza de ella.

Curiosamente, ninguno de los principales comentaristas de la larga tradición china ha sentido la necesidad de explicar el porqué un hexagrama obtenido por la manipulación aleatoria de varillas o monedas refleja la cualidad del momento. No viene al caso hablar aquí de artículo de fe ni de la intervención consciente de una divinidad ‘personalizada’, ya que la cultura china era muy pragmática para descansar en algo así. El axioma implícito, universalmente aceptado y absolutamente indiscutible era que cualquier cosa que ocurriese en un determinado momento era indicativa de la forma y las características de ese mismo momento, ya que todo lo que ocurre está interrelacionado y, de algún modo, comparte el mismo carácter básico. Pensar otra cosa era algo que los comentaristas ni siquiera creían posible.

Pero, ¿cómo debemos considerar la respuesta obtenida? En otras palabras, ¿cómo debemos leer los textos del Yi Jing?

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NOTAS

  1. Acaso: “Conjunto de pequeñas causas independientes entre sí, que se ajustan a leyes ignoradas o mal conocidas, que determinan cualquier acontecimiento; el resultado de este conjunto de causas; acontecimiento fortuito; hecho imprevisto; casualidad; destino, hado, suerte, fortuna; Filos.: carácter de acontecimiento imprevisible con respecto a las causas que lo determinan (p. e., el premio de un billete de lotería); o injustificable con respecto a la significación asumida (p. e., una retraso de unos segundos que provoca un desastre); casualmente, accidentalmente, fortuitamente; por azar; tal vez, quizás”. Aleatorio: “Dependiente de factores inciertos, sujetos al acaso; casual, fortuito, accidental; dependiente de un acontecimiento incierto en cuanto a las ventajas o perjuicios; Física: dícese del fenómeno físico que envuelve una variable de carácter estadístico, como, p. e., la desintegración de un núcleo atómico, el movimiento browniano; estocástico, aleatorio”. Causa: “Aquello o aquel que hace que una cosa exista; aquello o aquel que determina un acontecimiento; razón, motivo, origen; Filos.: término correlacionado a un efecto y que se concibe de maneras distintas, que se comprenden a partir de dos enfoques fundamentales: a) relación entre un ser inteligente y el acto que ha llevado a cabo voluntariamente y del cual es responsable; b) vínculo que correlaciona los propios fenómenos, y que hace que uno o varios de ellos aparezcan como condición de existencia de otros”. Incierto: “No cierto; indeterminado, impreciso; dudoso, indistinto, indeciso; poco firme; inseguro, vacilante; inconstante, variable, mudable; indeciso, irresoluto, vacilante, dubitativo”. Caos: “Mezcla de cosas en total desequilibrio; desorden, confusión; mezcla de ideas y sentimientos; confusión mental; jaleo”.
  2. Eso no significa adoptar una actitud pasiva ante la vida. como dice Lilian Tonet: “Las personas entran en nuestra vida por acaso, pero no es por acaso que permanecen”. Extraído de http://pensador.uol.com.br/autor/lilian_tonet/ el 08/03/2012
  3. ôu 009-09: “Número par, pareja, par; hombre y esposa; amigo(a); compañero(a); aparearse; una imagen, un ídolo; muñeca de madera; el mismo tipo; accidental, oportunidad, inesperado; ocasional, raro”. 然 rán 086-08: “De esta forma, de aquella forma, y así; así; ni más ni menos; ser así, sí, ciertamente, realmente; formador e adjetivo o adverbio; aún; de cualquier manera, a pesar, sin embargo, por otra parte”.
  4. Aunque algunos comentaristas chinos hayan escogido la opción ‘c’, al atribuir al Yi Jing una dimensión espiritual.